El viejo y el doble de citas clave

Nacionalcatolicismo 3.0

2018.03.11 03:37 alforo_ Nacionalcatolicismo 3.0

“De todos modos, mi querido Moro, voy a decirte lo que siento. Creo que donde hay propiedad privada y donde todo se mide por el dinero, difícilmente se logrará que la cosa pública se administre con justicia y se viva con prosperidad. A no ser que pienses que se administra justicia permitiendo que las mejores prebendas vayan a manos de los peores, o que juzgues como signo de prosperidad de un Estado el que unos cuantos acaparen casi todos los bienes y disfruten a placer de ellos, mientras los otros se mueren de miseria”
[Reflexiones de Rafael Hitlodeo “ Utopía”. Tomás Moro]
Si buscáramos un ejemplo práctico que sirviera para visualizar la alianza “AltaTrono” omnipresente en la Historia-para nuestra desgracia- de nuestro país, bastaría con mirar los “[des]informativos” de cualquier hora. Da igual la cadena pues en la programación del Pensamiento Único practican la unanimidad. En todas ellas (duopolio generalista, públicas al servicio del gobierno de turno, plataformas varias...) encontramos los elementos de difusión ideológica que apuntalan y conforman la Superestructura construida a lo largo de siglos por el Conservadurismo español.
Esa “conspiración de los ricos quienes, con la pretensión de administrar los asuntos públicos, persiguen únicamente sus fines privados e inventan todos los modos y artimañas que pueden encontrar ...para poder conservar sin peligro todo lo que han adquirido de mala manera...”( Moro dixit) teorizada en el Renacimiento, desnudada por los pensadores del socialismo clásico marxistas/anarquistas y puesta al día en la trinchera contraria por Warren Buffet con la fórmula : "Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando" sigue plenamente en vigor.
Para lograr el anhelado control de mentalidades mezclan sin tapujos lo difuso y lo concreto, lo aparentemente inocuo y baladí con las cargas de profundidad ideológica para que cueste reconocer que estamos en marzo de 2018 y no en los albores del Nacionalcatolicismo, ochenta años atrás. Si hace unos días vimos el ejercicio de mamporrerismo periodístico perpetrado por la presentadora Griso en su parcial entrevista a una pensionista, Paquita, que a sus 91 años sabe de coherencia y dignidad lo que nunca llegará a conocer la barcelonesa, podemos imaginar los improperios que las Brigadas mediáticas del Amanecer dedicarían si, en un ejercicio de realidad al revés”, una jueza del Tribunal Superior del País Vaco, casada con un diputado abertzale tuviese que juzgar a unos guardias civiles coprotagonistas de un altercado en un bar al que un sector implicado califica de pelea y el otro de atentado y se rechazase recusarla porque su imparcialidad a la hora de tomar decisiones estuviese para los magistrados fuera de toda duda.
O que los Tribunales empezasen a encarcelar por comentarios despectivos e hirientes a quienes se mofan de las víctimas del Franquismo y asesinados en las cunetas, tras condenarlos a dos, tres, cinco años de cárcel por enaltecimiento de terrorismo y delitos de odio.
O estuviesen ya en prisión por haber intentado , siempre pacíficamente, poner en marcha como estado independiente- sin tener el apoyo de la mayoría de la población- la Quimera proespañola de Tabarnia mientras los gobernantes independentistas catalanes sorteasen sin complicaciones casos de corrupción, discos duros de la sede de CiU destruidos, listas de pagos ilegales a nombre de un tal C.Puigdemont al que nadie es capaz de poner cara e incluso el cuñado del " molt honorable president" pasease su tipito por Suiza pese a estar condenado a seis años de cárcel.
O que una visita de eurodiputados a lugares en los que cayeron asesinados víctimas de ETA fuese contraprogramada por organizaciones que apoyan al terrorismo, estimuladas por un cura afín llegando a increpar e incluso amenazar de muerte a los atónitos visitantes.
Pues todo eso ocurre hoy en España, basta con darle la vuelta al guion. Tenemos una juez casada con un alto mando de la Guardia Civil que decidirá, pese a las recusaciones, el destino penal de los encausados de Alsasua, a un carrusel de raperos y twitteros encadenando condenas tras la aplicación unidireccional ("Vista a la Izquierda Señorías ¡Arrr!") de la ley Mordaza, a diputados catalanes encarcelados y a parlamentarios europeos insultados y amenazados de muerte tras visitar el Valle de los Caídos por nostálgicos del asesino dictador, convocados en el lugar con la excusa de una misa adelantada una hora. Entre los "facilitadores" de la cita, el abad del recinto y organizaciones de ultraderecha.
Marca España, sin duda. Es lo que tiene la IMPUNIDAD, así con mayúsculas. Un elemento central del tinglado es la Monarquía, basta con leer el papel clave en la actual situación de Felipe VI, personaje no electo al que los exégetas justifican cargo y representatividad en aras de su inexistente imparcialidad. Hace años los mandamases del Sistema lo impulsaron como recambio ante la evidente caída de popularidad del Borbón emérito, una vez que al respetable dejaron de hacerle gracia el aluvión de cacerías, escándalos y amantes.
Al intento de saltar las vallas del Bipartidismo pese a estar erizadas de concertinas por una sociedad española espoleada por 15M, Mareas y Marchas de la Dignidad, la Oligarquía respondió con un doble repuesto en el ámbito político (potenciar a Ciudadanos ante la posible metástasis del PP y la flojera del PSOE) y en la Jefatura del Estado.
La primera apuesta no fraguó de inmediato pese a la inversión. Parece estar haciéndolo desde hace unos meses gracias al impulso que el tándem Cataluña/banderas ha dado al invento naranja, aunque todo dependerá si los viejos rockeros del PP al final son rocosos y graníticos resistiendo o se parecen a la UCD y terminan disolviéndose como azucarillos.
La segunda cuajó mejor desde el inicio aunque tras la deriva de los últimos años de Juan Carlos I, cualquier sucesor que introdujese cierta mesura en tanta desmesura tendría el viento a su favor.
Pero con el trascurso del tiempo se ha instalado en el heredero la creencia de que el peligro mayor ha pasado y las olas de la contestación social entraron en reflujo, sustituidas por la atonía contestataria. Desde entonces el monarca ha abandonado el primitivo perfil plano para sacar a pasear su pensamiento. Continuador de una dinastía que hizo del intervencionismo en los asuntos políticos santo y seña, no ha tenido problema alguno para mostrar en público su ideología conservadora, abandonar cualquier ficción de “hombre integrador” para abanderar el “A por ellos” en el tema catalán y acudir a besar el pie al Cristo de Medinaceli para demostrar que la teórica aconfesionalidad del Estado ( y por ende de quien ostenta la representación constitucional del mismo) no le quita el sueño.
Cuenta con que España siempre dará una abundante cosecha de espontáneos dispuestos a pasear en triunfo al gobernante de turno pese a que éste les acabe de recortar dos orejas y rabo. Todo sea por la "Fiesta Nacional".
Casi finalizando la segunda década del siglo XXI, puede que quede poco de los genes de Fernando VII (ya se encargó la princesa napolitana Cristina de Borbón de buscar alternativa biológica) pero mucho de ese espíritu que le hizo ser "El Deseado" por el populacho del "Vivan las caenas”.
Donde se ponga una talla devocional que se quiten los corsés laicos y la neutralidad de los servidores públicos ante las creencias particulares.
Que sigan atiborrándonos de castiza y decimonónica ideología aunque nos la suministren por móvil de última tecnología, siempre que los "fakes" de las redes sociales sirvan para mantener a raya la "funesta manía de pensar".
Monarquía Nacionalcatólica 3.0. Eso debe ser la Modernidad.
Juan Rivera. Colectivo Prometeo/FCSM
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2016.06.05 18:09 ShaunaDorothy En boca cerrada no entran moscas - La contribución del GI a la campaña antisindical en México (Septiembre de 2013)

https://archive.is/uWVLJ
Espartaco No. 39 Septiembre de 2013
En boca cerrada no entran moscas
La contribución del GI a la campaña antisindical en México
El siguiente artículo, redactado por el Grupo Espartaquista de México, fue publicado originalmente en Workers Vanguard No. 1028 (9 de agosto de 2013).
Tal parece que la polémica “Al GI se le atraganta la defensa del SNTE” (Espartaco No. 38, junio de 2013) le pegó al Grupo Internacionalista donde más le duele. En respuesta, el GI redactó un artículo de quince páginas a espacio sencillo titulado “SL on Corporatism in Mexico: Games Centrists Play” [La SL sobre el corporativismo en México: A lo que juegan los centristas] (internationalist.org, 5 de julio), que hasta ahora se puede consultar en red solamente y en inglés [actualmente ya disponible en español, pero no en red]. Lleno de justificaciones, distorsiones y pequeñas mentiras mezcladas con una ración de calumnia, este ejercicio de demagogia tenía un solo propósito: intentar esconder el simple hecho de que el GI no sostiene el principio proletario elemental de defender a los sindicatos, sin importar cuán burocráticas o procapitalistas sean sus direcciones, del ataque del estado capitalista.
Al centro de la diatriba del GI se ubica nuestra respuesta al ataque del presidente Enrique Peña Nieto, del Partido Revolucionario Institucional (PRI), contra el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE). Impulsando una “reforma” educativa antisindical, en febrero el gobierno arrestó a Elba Esther Gordillo, una burócrata ampliamente odiada que por más de dos décadas había encabezado al SNTE. Asesina y corrupta hasta la extravagancia, Gordillo había cometido numerosos crímenes contra la clase obrera. Pero su arresto fue un ataque directo al sindicato magisterial y al movimiento obrero en su conjunto. En un volante del 4 de marzo, el Grupo Espartaquista de México exigió: “Gobierno, ¡manos fuera del SNTE!” y llamó por la “libertad inmediata de Gordillo y todos los funcionarios sindicales arrestados” (ver Espartaco No. 38, junio de 2013). En México como en todas partes, es la tarea de la clase obrera limpiar su propia casa.
En cambio, Revolución Permanente No. 2 (mayo de 2013) del GI se negó a defender al SNTE, descartándolo como “una agencia del estado, una policía laboral cuyo propósito es sustentar el poder y regimentar a los trabajadores”. Denunciando a nuestros camaradas por defender al sindicato, el GI recurrió al doble discurso centrista para ocultar su traición. El artículo de mayo de Revolución Permanente reconocía el punto obvio de que el arresto de Gordillo fue “para aplastar a toda resistencia magisterial”. Pero, aunque lanzaba la consigna “Peña Nieto, ¡manos fuera del magisterio!”, evitaba describir al SNTE como lo que es: un sindicato. Como dijimos en nuestra polémica, “Es una cosa o la otra: o se defiende al sindicato bajo ataque, pese a su brutal dirigencia procapitalista, o se lleva agua al molino de los rompesindicatos”.
Ahora el GI ha dejado aún más clara su postura antisindical, omitiendo de su gigantesca y sórdida respuesta la exigencia “manos fuera del magisterio”, así como cualquier indicación de que el arresto de Gordillo haya podido ser un ataque al movimiento obrero. Con una franqueza fuera de lo común, el GI escribió que el volante del GEM “dice que ‘El arresto de Gordillo es un ataque directo contra el sindicato de maestros y contra todo el movimiento obrero mexicano, parte del programa de la burguesía de desmantelar los sindicatos’. Sin embargo, Peña Nieto se ha esforzado en dejar claro que no está atacando al SNTE, que mantendrá ‘un diálogo respetuoso y constante con la dirigencia del SNTE’”. Y si el Comandante en Jefe lo dice, ¿quién es el GI para cuestionarlo?
Buscando encubrir su craso oportunismo, el GI se apoya en una “teoría” sacada de la manga, según la cual los sindicatos corporativistas como el SNTE no son “sindicatos obreros”, sino “el enemigo de clase” y, en última instancia, “escuadrones de la muerte”. Como explicamos en nuestra polémica, el corporativismo ha sido por mucho tiempo un distintivo del capitalismo mexicano, particularmente desde el régimen nacionalista de izquierda de Lázaro Cárdenas en los años treinta. A través de este sistema, los grandes sindicatos, primariamente agrupados en la Confederación de Trabajadores de México (CTM), han sido componentes integrales del PRI, y el gobierno instala y retira burócratas sindicales (“charros”) a voluntad. “A cambio —escribimos—, estos ‘charros’ vigilaban los sindicatos para el estado, purgando y a menudo asesinando a obreros disidentes y beneficiándose generosamente de la corrupción”. Pero incluso los sindicatos más integrados al aparato estatal se han visto forzados a librar algunas luchas contra la campaña capitalista para extraer más ganancia del trabajo de sus afiliados, particularmente en las últimas décadas, desde que la estructura corporativista empezó a agrietarse.
Tomando como criterio el grado de burocratismo y violencia, y no el análisis de clase, el GI descarta más o menos a la mitad de los sindicatos de México, negándose a defenderlos cuando son atacados. Buscando manipular la rabia de los obreros contra sus dirigentes sindicales para impulsar una línea rompesindicatos, el GI le pone una delgada capa de barniz rojo al extendido prejuicio pequeñoburgués contra los sindicatos en México y otras partes.
Lo que lleva al GI a tildar al GEM de “socialistas cetemistas” es su apetito de acomodarse al nacionalista burgués Partido de la Revolución Democrática (PRD). Ni toda su ofuscación puede ocultar el hecho de que los únicos sindicatos que el GI reconoce como genuinos son aquéllos cuyos líderes son leales al PRD, mientras que aquéllos más cercanos al PRI o afiliados a él son “el puño armado de la burguesía”.
Los dirigentes sindicales pro-PRD atan a los obreros a la burguesía mexicana impulsando la ideología nacionalista y sembrando ilusiones en la reforma del estado capitalista, recurriendo a sus propios métodos burocráticos para reforzar su control de los sindicatos. Para el GI, esto significa “una diferencia de clase entre los organismos laborales de carácter estatal y los nuevos sindicatos ‘independientes’” (énfasis en el original), como proclama en su respuesta. Aunque el GI admite que los líderes sindicales properredistas están políticamente atados a la burguesía, afirma que “no son funcionarios del estado o del partido gobernante, ni dirigentes que respondan al gobierno, y no a las bases sindicales”. Así, para el GI, el apoyo de los líderes al PRD evidencia que los afiliados controlan a su sindicato. Los militantes que desafíen la colaboración de clases de esos burócratas no tardarán en llegar a una conclusión diferente.
Desconcertados por la realidad
Las acciones del sindicato minero SNTMMSRM en particular pusieron al GI en un verdadero aprieto. El SNTMMSRM, que solía ser uno de los pilares más sólidos del viejo sistema corporativista, ha sido durante la última década uno de los sindicatos más combativos del país. El esquema del GI sencillamente no puede explicar ese hecho. En “Al GI se le atraganta…”, señalamos que en 2006 el gobierno del Partido Acción Nacional fue tras este sindicato para deponer y encarcelar a su líder, Napoleón Gómez Urrutia, detonando con ello una serie de poderosas huelgas. Entre ellas hubo una huelga nacional que el GI descarta por haber durado “no más de 72 horas”.
Más importante fue la combativa huelga de 2006 en Lázaro Cárdenas, Michoacán, que el GI no menciona más que de pasada. La huelga —que duró “no más de” 141 días— resistió el ataque de unos 800 policías, al costo de la vida de dos obreros, y obtuvo una victoria aplastante, incluyendo conquistas económicas y el reconocimiento del sindicato y de su líder. Como señalamos en el mismo artículo, “El GI se negó a defender a la dirección del SNTMMSRM o al sindicato mismo contra el estado, sin duda debido a la dirección charra del sindicato y su historia de afiliación al PRI”. El artículo continuaba:
“Prefigurando su línea de que el arresto de Gordillo fue ‘un ajuste de cuentas en las altas esferas del poder’, el GI afirmó que el ataque contra Gómez Urrutia fue un ‘ajuste de cuentas dentro del régimen’ (aun cuando el PRI no estaba en el poder). Aunque llamaba vagamente a ‘rechazar este golpe de fuerza del gobierno’, El Internacionalista/Edición México No. 2 del GI omitía cualquier llamado a la victoria de las huelgas o por el retiro de los cargos que enfrentaba el líder sindical”.
Afirmando que ésta no es sino otra de las “calumnias” de WV, la respuesta del GI cita con mayor amplitud su artículo de 2006, confirmando de paso que no llamó por la victoria de la huelga ni por el retiro de los cargos contra el líder sindical. Tras una serie de dolorosas contorsiones aparentemente diseñadas para dar la impresión de que también ellos defienden al sindicato minero, el GI cita un artículo, fechado en febrero de 2008, sobre la huelga de Cananea, Sonora, que había estallado el 30 de julio de 2007. Tras una serie de huelgas que el sindicato estalló por todo el país durante un periodo de dos años, el GI empezó a percibir que su línea no era muy popular que digamos entre los mineros combativos.
Sin atenerse a su posición, pero sin repudiarla tampoco —pues el GI es tan infalible como propenso a girar según la dirección del viento—, balbuceó unas líneas diciendo que de hecho sí piden “que se retiren todos los cargos contra los líderes de las supuestas organizaciones obreras”. No sabemos cuántas huelgas tiene que estallar un sindicato para que el GI retire la calumniosa etiqueta de “supuestas”. Pero bastó con que el GEM y la Liga Comunista Internacional defendiéramos al sindicato minero, a sus huelgas y a sus líderes, ¡para que estos hipócritas nos acusaran de justificar a los “escuadrones de la muerte”!
Intentando reconciliar la demostrada combatividad de los mineros de Cananea con su línea de que su sindicato no es más que un nido de policías burgueses, ahora el GI declara, con un cinismo pasmoso, que la sección 65 de Cananea ha “roto parcialmente” con el sindicato nacional. Esto es una mentira que haría enfurecer a cualquiera de esos mineros. A tres años de que la policía rompiera su huelga, la sección 65 se niega a volver al trabajo. Todo este tiempo, los mineros han exigido que la compañía reconozca a su sindicato y el gobierno federal a Gómez Urrutia como su líder.
Cada vez más perdidos en su laberinto
El GI intenta mostrar que heredó su línea rompesindicatos de la LCI y que ahora la sostiene en contra de nuestra “degeneración”. Con este fin, su mamotreto reproduce trece citas de Espartaco y de WV de entre 1987 y 1996. Sólo quisiéramos que los lectores estudiaran esos artículos. No encontrarían una sola frase en el sentido de que los sindicatos afiliados al PRI sean meras agencias del estado burgués. Tampoco encontrarían la menor negativa a defender a sus líderes contra el estado burgués. Como escribió el GEM en “¡Romper con todos los partidos burgueses: PRI, PAN, PRD!” (Espartaco No. 14, otoño-invierno de 2000): “En concordancia con su concepción de sí mismos como caudillos infalibles, los dirigentes del GI Norden y Negrete imaginan que, dado que ellos sostenían tal o cual posición a espaldas del partido cuando ellos todavía eran miembros de la LCI, ésta tenía que ser ‘la línea’ de nuestra organización”.
Cuando se le confronta con la evidencia, el GI opta por una retirada subrepticia. Un ejemplo es el caso de Joaquín Hernández Galicia (“La Quina”), líder del sindicato petrolero SRTPRM, afiliado al PRI, de la compañía petrolera nacional Pemex. Cuando “La Quina” fue arrestado en enero de 1989, publicamos artículos en su defensa tanto en WV (cuando Norden era editor) como en la edición en español de Spartacist. En la polémica de WV No. 1025 citamos el punto central de esos artículos, en los que se hacía referencia a la Unión Soviética, que la contrarrevolución capitalista aún no destruía:
“Los trotskistas, que comprendemos el carácter de clase de la URSS como un estado obrero a pesar de su degeneración burocrática bajo el dominio estalinista, y por tanto la defendemos contra el imperialismo, defendemos de la misma manera a los sindicatos contra los patronos, a pesar de la burocracia entreguista que se asienta sobre estos reductos de poder obrero... Quienes no defienden a la Unión Soviética tampoco pueden defender al sindicato petrolero en México”.
—Spartacist No. 22, abril de 1989
Aquellos artículos también citaban la frase que escribió León Trotsky en su libro En defensa del marxismo (1939): “En el último análisis, un estado obrero es un sindicato que ha tomado el poder”.
A 17 años de que sus fundadores desertaran del trotskismo, el GI finalmente ha repudiado aquellos artículos programáticos. Pero incluso su repudio es deshonesto y políticamente cobarde. El GI escribe que aquel artículo, “aunque correctamente defendía a La Quina, equivocadamente ponía un signo de igualdad entre el STPRM [sic] y los sindicatos típicos de EE.UU.” y era “ambiguo y contradictorio” respecto al carácter de clase de los sindicatos corporativistas.
Como un calamar que se siente amenazado, el reflejo natural del GI es secretar una nube de tinta para cubrir su huida hacia un lugar seguro. Así, lanza las calumnias venenosas de que defendemos escuadrones de la muerte y de que hemos “ayudado y justificado” al estado en su represión del GI...sin siquiera molestarse en inventar cuándo, dónde y cómo tuvo lugar esa “ayuda”. La calumnia es el recurso clásico de quien está políticamente en quiebra. Los lectores concienzudos no serán engañados. Como escribió un suscriptor en una carta del 22 de julio a WV: “Lo que es más notable es que el GI evade completamente la cuestión rusa en su artículo”. El autor continúa:
“Si los líderes impuestos de los sindicatos corporativistas en México son, como escribe el GI, rompehuelgas violentos, asesinos y procapitalistas (y en verdad lo son), ¿por qué entonces no ubican a los estalinistas rusos, que asesinaron a Trotsky y al núcleo del Partido Bolchevique, que masacraron a muchísimos más obreros que “La Maestra” [Gordillo] ha conocido, en el mismo saco que a ella? Hasta donde se sabe, las acciones de los estalinistas, tanto en Rusia como internacionalmente, hicieron más daño al movimiento obrero que las de cualquier líder charro mexicano”.
¿Y qué hay de la analogía con los sindicatos estadounidenses? Como nacionalistas latinoamericanos comunes, el GI acusa de “gringa” a la LCI mientras les lava la cara a los burócratas sindicales estadounidenses comprados por el imperialismo. El GI escribe que “con suprema arrogancia (e ignorancia) imperialista, [los espartaquistas] sostienen que México no difiere de EE.UU., que los ‘sindicatos’ con escuadrones de la muerte que asesinan a decenas de sus miembros (más de 100 maestros tan sólo en Oaxaca) son lo mismo que los Teamsters bajo la dirección de Jimmy Hoffa”. Bueno, Jimmy Hoffa no era ningún santo. Más en general, para el GI la ayuda de la AFL-CIO para montar sangrientos golpes de estado a lo largo de América Latina, que resultaron en la muerte de cientos de miles de obreros y campesinos, no es nada comparado con la violencia asesina de los líderes del SNTE. Y además está la participación de la burocracia de la AFL-CIO en la promoción y fundación de “sindicatos libres” en Europa Oriental —centralmente la polaca Solidarność en los años ochenta, que sirvió como punta de lanza para la contrarrevolución capitalista en el bloque soviético—.
“Ambiguo y contradictorio”: Lo que queda de las pretensiones trotskistas del GI
La afirmación de que la LCI alguna vez sostuvo la línea antisindical del GI es simplemente risible. La sección mexicana de la LCI se consolidó en julio de 1990 mediante la fusión del GEM con la Fracción Trotskista (FT), compuesta de antiguos dirigentes del Partido Obrero Socialista (POS, hoy Liga de Trabajadores por el Socialismo). Éstos habían sido expulsados de aquella organización morenista por su solidaridad con la intransigente defensa que la LCI daba a la URSS y a los estados obreros deformados contra las fuerzas en ascenso de la contrarrevolución capitalista y con nuestro llamado por la revolución política proletaria contra las burocracias estalinistas. Y la defensa de “La Quina” como una aplicación concreta de la postura proletaria de clase cumplió una función importante en el proceso de fusión y en el armamento político del GEM, en contraste con el grueso de la izquierda mexicana, que se negó a defenderlo usando esencialmente los mismos argumentos que hoy usa el GI.
El documento de mayo de 1990 “Principales puntos de acuerdo” entre la LCI y la FT —una declaración amplia— aportó una base concisa, junto con la plataforma de la propia FT, para proceder a la fusión. El punto nueve del documento dice:
“Defender a los sindicatos obreros contra el ataque del estado burgués, como en el caso del ‘bazukazo’ en contra de ‘La Quina’ y el sindicato de trabajadores de PEMEX (históricamente uno de los sindicatos más poderosos en México). Esto no significa ‘apoyo político’ a tales dirigentes burocráticos sino una posición de clase clara: completa independencia de los sindicatos respecto al estado burgués. Condenar la capitulación al gobierno mexicano por parte del PRT [mandelista] y el PTZ [predecesor del POS] durante estos eventos. Luchar por la dirección revolucionaria de los sindicatos; por fracciones sindicales sobre la base del Programa de Transición”.
Negrete, hoy del GI, desempeñó un papel clave en la redacción de este documento y en todo el proceso de fusión del GEM con la FT. Pero eso era entonces.
Ahora que ha repudiado la base de clase por la cual la LCI defendió a “La Quina”, ¿cómo puede el GI considerar correcta la defensa de aquel gángster priísta? Así lo aclara el GI: “Tras su arresto, era absolutamente necesario defender a La Quina y exigir su liberación, porque en el momento en que Salinas lo perseguía, era un líder que había roto parcialmente con el sistema corporativista y que de manera no muy discreta había apoyado a Cárdenas en las elecciones presidenciales de 1988”.
Así que eso es lo que hace falta para romper, al menos parcialmente, “con el sistema corporativista” y para pasar de ser una agencia policiaca a un sindicato (¿semi?) genuino: apoyar al PRD. Nosotros nos quedamos con Trotsky. En su ensayo de 1940 “Los sindicatos en la era de la decadencia imperialista”, Trotsky resumió los principios guía en la lucha por transformar los sindicatos en instrumentos de lucha revolucionaria —en México y en otras sociedades capitalistas— como “independencia total e incondicional de los sindicatos respecto del estado capitalista” y “democracia sindical”. Con respecto a todos los sindicatos, esto significa luchar por deponer a los burócratas procapitalistas sobre la base de la oposición a todos los partidos burgueses.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/39/antisindical.html
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2015.06.17 11:45 InigoErrejon El 13 de junio como tercer hito del proceso de cambio. De las posiciones ganadas a la ofensiva. Íñigo Errejón

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Hola compañeras y compañeros.
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Llevaba tiempo queriendo sacar un hueco para levantar la cabeza, más allá de la coyuntura , de la disputa del día a día y de los ritmos mediáticos. Comparto aquí mi análisis por escrito sobre la trayectoria recorrida y cómo se ha movido la correlación de fuerzas, el momento actual y los retos que tenemos ante nosotros. creo que es importante contribuir a la discusión y, especialmente, acuñar interpretaciones y narraciones nuestras, que no sólo nos describan y expliquen nuestra historia desde fuera.
actualización:
Me han hecho notar, algunas observaciones, el lenguaje excesivamente "técnico" y, otras, "belicista". Con respecto a lo primero, las ideas complejas a menudo requieren términos más específicos, pero trataré de corregirlo. Por lo segundo, es deformación gramsciana. No implica voluntad guerrerista ni violentista sino pensar la política como una actividad de conflictos y consensos.
Espero que sea útil. Salud compañ[email protected]
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Iñigo Errejón, secretario Político de Podemos
_ La constitución de los ayuntamientos este sábado 13 de junio ha supuesto un nuevo hito en el ciclo de cambio político en el que está inmerso nuestro país. Seguramente el tercer hito del ciclo. A menudo las fechas sirven para fijar y mirar con perspectiva procesos más complejos y nunca lineales. Así podríamos decir que este ciclo nació un 15 de mayo de 2011, con una movilización social transversal que, aunque no fue capaz de transformar los equilibrios de poder al interior del Estado en favor de los sectores subalternos, sí introdujo modificaciones decisivas en el sentido común de época -en gran medida, las razones de los sectores empobrecidos por la gestión regresiva y oligárquica de la crisis-, que pusieron a las élites culturalmente a la defensiva y abrieron posibilidades inéditas de cambio político. El siguiente hito fue la irrupción política y electoral de Podemos en las elecciones Europeas del 25 de mayo de 2014. Una irrupción que no tenía nada de necesaria ni estaba implícita en el momento, que fue modesta y que sin embargo abrió una dinámica inesperada en la política española. La Asamblea de Vistalegre en Otoño de 2014 y la Marcha del Cambio del 31 de Enero de 2015 fueron momentos decisivos y reveladores, en condiciones no sencillas, de construcción política de otra voluntad popular posible, y con la firme decisión de cruzar la ventana de oportunidad histórica abierta.
_ Desde el 25 de mayo de 2014 hemos vivido un año largo e intenso, caracterizado por cuatro elementos de recorrido desigual. En primer lugar, una ofensiva oligárquica que da por amortizado el acuerdo social y político de 1978, que ha ido modificando de facto los contenidos del pacto constitucional en un sentido más regresivo y elitista. En términos más directos: los derechos conquistados por las generaciones anteriores ya no se encuentran en absoluto garantizados para las siguientes. Esto mina las bases de la confianza política, quiebra la idea lineal de progreso y genera tensiones en el bloque histórico, produciéndose una fuerte desafección en particular de los sectores medios, fundamentalmente asalariados, que ven amenazadas las perspectivas de ascenso social para sí mismos o para sus hijos y afrontan una aguda crisis de expectativas. Estos sectores venían jugando un rol central en la construcción de consenso en torno al orden de 1978 y sus élites. Para que nadie se llame a engaños, es importante señalar cómo parte de la reacción popular ante esta ofensiva tiene un carácter “conservador”, en el sentido de volver a un marco de convivencia que genere garantías y certidumbres también para la gente trabajadora. Es la imposibilidad de las élites para procurárselo y para renovar alguna meta colectiva que cohesione la comunidad política la que abre el escenario de impugnación de los sectores dirigentes, comenzando por el PSOE, que sufre más que nadie la quiebra del vínculo moral entre representantes y representados y la sensación de estafa entre los sectores subalternos.
_ En segundo lugar, se agudiza el agotamiento del sistema político y cultural nacido de 1978, de sus consensos y sus principales actores. El consenso emergente no es tanto el cuestionamiento de su origen y función como la percepción de su decrepitud y la desconfianza, en que quienes han conducido el país hasta aquí, puedan protagonizar las transformaciones democráticas y sociales que éste, necesita. En esa descomposición, la corrupción juega un papel central. Si ayer era un engrasante entre el modelo de (sub)desarrollo basado en la construcción y la especulación, hoy es un factor de descrédito generalizado de unas élites políticas vistas como muy parecidas entre sí y muy alejadas de la ciudadanía. Actúa también como factor permanente de inestabilidad y descomposición: los de arriba tienen difícil hacer planes a largo plazo porque no controlan completamente los calendarios ni pueden mantener la cohesión corporativa interna. A este respecto, la declaración de Jordi Pujol en el Parlament: (“que nadie se crea que puede cortar una rama sin afectar al árbol”) es elocuente sobre los efectos imprevistos de ruptura de la omertà.
_ En tercer lugar, el creciente contraste entre la inquietud y agresividad de las élites, por un lado, y la ilusión recuperada por amplios sectores de la ciudadanía que antes estaban resignados y ahora ven posible el cambio. Esta correlación moral de fuerzas no es un dato menor para pensar la evolución de la disputa en esta coyuntura inestable. Los de arriba parecen confiar en contener el impulso del cambio de este año, desgastar a sus principales figuras -y encerrar a sus partidarios a hablar de sí mismos- y ensayar tímidas operaciones cosméticas o de cambios menores para apuntalar el edificio viejo. En todo caso, no parece haber cohesión entre ellos sobre la tensión adecuada entre el grado de apertura a cambios controlados y el cierre y atrincheramiento defensivo a la espera de que pase este “año tempestuoso” en el que casi todo es posible. En este contexto la contienda electoral ocupa un lugar central en un año en el que todas las instituciones democráticas están en juego y cada una de las citas electorales es vivida también en clave nacional.
_ El sábado 13 de junio ha sido emblema de una primavera democrática que de nuevo, como en las grandes transformaciones recientes en nuestra historia, comienza por las grandes ciudades. Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Cádiz, Compostela o Coruña son gobernadas por fuerzas y liderazgos que comparten, en diferente grado, su origen relativamente exterior al sistema político tradicional y haberse fijado el objetivo de recuperar unas instituciones que se identifican como patrimonializadas por las minorías privilegiadas. Estamos ante una verdadera irrupción plebeya ?– de “los sin título”, de quienes no tienen amigos poderosos pero se tienen a miles?– por la cual quienes ayer eran menospreciados, como problema de orden público o “minorías ruidosas” hoy han construido mayorías convertidas en poder político. A la vez, el 24 de mayo arrojó la entrada del cambio en todos los parlamentos autonómicos que se sometían a elecciones, en una inserción y construcción territorial que en todos los casos aumentaba considerablemente su fuerza. Mirando hacia atrás, se podría decir que no hay muchas referencias de consolidación y crecimiento a este ritmo y en estos plazos; mirando hacia delante, que la tendencia, pese a las particularidades de cada lugar, es clara: la fuerza de cambio aumenta cada vez que se abren las urnas. Nada de esto habría sido posibles sin los mayos de hace cuatro años y de hace uno.
_ Un indicador crucial de la importancia del momento reside más en lo cualitativo que en lo cuantitativo: tras años de mirar las instituciones con desgana, hartazgo o indignación, miles de ciudadanos abarrotaban las plazas de los ayuntamientos para celebrar las nuevas alcaldías. ¿Cuánto hay que remontarse para encontrar una expresión similar de emoción popular e ilusión por un tiempo nuevo? No estamos ante una cuestión estética, sino ante una pasión política, que es el motor imprescindible de los procesos democratizadores: gentes que recobran la ilusión por lo común, que celebran juntas y se proponen metas compartidas. Ninguno de los actores tradicionales es capaz de generar esta esperanza entre gentes tan distintas, que a menudo ni siquiera se conocían previamente. No es exagerado decir entonces que, con los límites y toda la prudencia necesaria por las muchas debilidades aún arrastradas, el pasado sábado se respiraba un aire constituyente, de la creencia de los “sin título” en su poder colectivo.
_ Este avance de las fuerzas del cambio político no ha sido homogéneo, ni se ha encontrado con dificultades similares de un lugar a otro. En general, ha tenido mucho mayor empuje en las grandes ciudades y, muy en especial, allí donde liderazgos carismáticos y aún no golpeados han sido capaces de encarnar y despertar esperanzas transversales entre sectores muy diversos ?desde activistas de los movimientos sociales hasta abstencionistas tradicionales, nuevos votantes o votantes de los partidos viejos en busca de opciones de cambio percibidas como “suaves”. El factor multiplicador, por tanto, no han sido tanto las coaliciones o sumas de siglas ? ¿cuántos de los votantes conocían las trabajosas conformaciones de listas o los procesos de construcción de programa?? cuanto la capacidad de seducir en campo ajeno, cambiando los términos de la discusión y escapando a las maniobras de cerco; la capacidad, una vez más de patear el tablero, sumando a quienes hasta ayer confiaban en los actores políticos tradicionales. A este respecto, toda lectura de los resultados del 24M debe ser audaz y, por consiguiente, poner el acento, siempre, en los que faltan. Si la “unidad popular” significa algo no es, desde luego, la suma de siglas, sino la capacidad de tejer con sectores muy diversos, con las gentes realmente existentes con las que hay que construir pueblo, empezando por quienes aún confían en los de siempre. En definitiva, se trata no tanto de yuxtaponer, como de construir una identidad nueva.
_ Ahora la contienda política sufre una importante modificación. Se abre una guerra de posiciones gramsciana al interior del Estado. Se han conquistado importantes posiciones institucionales, que deben ser defendidas, ampliadas y construidas como icono y demostración: serán la mejor propaganda del cambio, de que las cosas se pueden hacer de otra forma, y la mejor herramienta contra la campaña del miedo. Millones de ciudadanos tienen ya gobiernos municipales por el cambio, al servicio de la gente. Y nada comunica como el ejercicio del poder. Ahora la tarea épica es la gestión, la eficacia, la eficiencia, la construcción de una cotidianidad diferente y la política de acuerdos y disputas que permita superar los vetos conservadores, de todas las fuerzas que van a jugar a torpedear el cambio. Junto a ello, y para no dejar solas las nuevas plazas municipales, es crucial la actividad, visibilidad, fiscalización e iniciativa de los grupos parlamentarios en todas las asambleas autonómicas, así como su coordinación estratégica.
_ Al mismo tiempo habrá que estimular desde la institución las condiciones para la reconstrucción de un tejido asociativo y civil que ha sido arrasado por décadas de ruptura de las comunidades y que ahora es imprescindible para acompañar, defender, empujar y desbordar los límites de las inercias burocráticas y hostigamiento del adversario. En el ámbito de la batalla cultural, el reto es doble: por un lado, dar pasos hacia una intelectualidad orgánica que defienda, explique, extienda y prestigie las razones del cambio y las instituciones ya ganadas. Por el otro, conformar y reunir a los sectores de expertos, profesionales y trabajadores de las administraciones públicas que pongan sus conocimientos, experiencias y creatividad al servicio de la gestión del cambio y su aterrizaje en realidades y lugares concretos. En este ejercicio, como siempre, habrá que correr y responder a las altas expectativas al tiempo que se forman los cuadros para el relevo y la ampliación de posiciones.
_ En tiempos acelerados no hay espacio para la quietud. La expresión “guerra de posiciones” hace referencia a la actividad de la política como construcción de sentido e identidades, pero no debe entenderse en forma estática. No hay estabilidad posible en las instituciones recién alcanzadas. Todo lo que no sea iniciativa y ofensiva será defensa, desgaste y cerco. Sólo es posible avanzar, pero a favor tenemos que la indecencia acumulada hará que las expectativas populares saluden cada paso, por modesto que sea, si está bien explicado. La prioridad es no cometer errores y construir equipos capaces de hacer y hacerlo mejor que el adversario, pero recuperando también lo que se hizo bien, lo que se dejó a medias, lo que no se pudo desarrollar por la patrimonialización de las instituciones por parte de las élites viejas. Las posiciones ya alcanzadas por el cambio deben ser cuidadas como un tesoro frágil, la confianza de nuestra gente está en juego, y no pueden ser abandonadas a disputas locales ni tampoco al tiempo plano de la normalidad. Debemos federarlas en un horizonte y relato común para una iniciativa política que, con la ilusión renovada y el terreno y herramientas ganados, siga incorporando a los que faltan para una mayoría popular en formación que sea el núcleo irradiador de un nuevo acuerdo e interés general.
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Iñigo Errejón, secretario Político de Podemos
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2015.03.31 14:32 David_026 ARTÍCULO INTERESANTE APARECIDO EN REBELIÓN.ORG PARA EL DEBATE EN NUESTRA FORMACIÓN.

La estrategia de Podemos Autor: José López
La estrategia de cualquier organización política debe siempre adaptarse a los resultados prácticos obtenidos. En cualquier guerra la estrategia es uno de los factores claves del éxito o del fracaso. Y la política es sin dudas una guerra, aunque una guerra cuyas armas son las ideas. Para ganar son imprescindibles la crítica y la autocrítica, sin límites.
Las resultados de las recientes elecciones en Andalucía son claros: el bipartidismo está tocado, pero no muerto, ni siquiera herido de muerte, IU se ha hundido, Ciudadanos irrumpe con más fuerza de la esperada, el PP se hunde, pero sigue siendo la segunda opción más votada, el PSOE se mantiene como el partido hegemónico, y Podemos irrumpe con fuerza, pero con menos de la esperada. Los resultados en Andalucía no son totalmente extrapolables al resto de España, pero lo que está claro también es que Andalucía no es ajena a España. Creo que tanto en IU como en Podemos debe plantearse un debate urgente sobre sus respectivas estrategias. Urgente porque dentro de poco tenemos nuevas citas en las urnas. El tiempo juega en contra.
IU debe tener claro de una vez por todas que su estrategia de actuar como un mero apéndice del PSOE la condena a ser una fuerza testimonial, incluso la amenaza con desaparecer de las instituciones. No olvidemos que ya estuvo a punto de hacerlo en el pasado cuando aún no existía un Podemos. No puede ser que al mismo tiempo que se critica al bipartidismo, que se dice que el PP y el PSOE son lo mismo, se gobierne con uno de ellos. La lección de Andalucía es obvia. Y debe aplicarse para el resto de España. Penosa imagen da una organización que en una comunidad autónoma emplea una estrategia y en otra la contraria. Un partido debe tener cierta cohesión, respetando las peculiaridades locales, pero con ciertas líneas rojas que nadie puede traspasar. Una de esas líneas rojas es la estrategia general. No hablemos ya de las divisiones internas, del sectarismo, de las corruptelas, etc., que ha padecido IU desde hace demasiado tiempo. En mi humilde opinión, o IU espabila de una vez por todas o que sus mejores cuadros, que sus militantes más combativos, se integren en otra organización que sirva mejor a los intereses de las clases populares. Y esa organización es, ahora mismo, sin lugar a dudas, Podemos. Un partido político es un instrumento, un medio, y no un fin en sí mismo. Si dicho instrumento ya no vale habrá que proveerse de otro. Hay que ser sobre todo fieles a los principios, a los ciudadanos más necesitados, al proletariado, y no tanto a las organizaciones. No hay que caer en el “fetichismo de las organizaciones”.
Lo verdaderamente importante es proveerse de ese instrumento político (ya sea un partido o una coalición de partidos) que sea capaz de concentrar los votos de las clases populares, de todos aquellos ciudadanos que reclaman verdaderos cambios. Porque como nos demuestra obstinadamente la realidad, la clave está en el voto. Las movilizaciones populares en las calles son imprescindibles, pero insuficientes. De poco sirve que incluso millones de personas se manifiesten en las calles si luego muchos más millones votan a los enemigos del pueblo. No importa el nombre que tenga dicho partido o frente, ni quien lo lidere. Siempre que se tenga la capacidad de arrastrar a las masas. Lo realmente importante es su programa y su metodología. Un programa que pivote alrededor de dos ejes centrales: rescate ciudadano y proceso constituyente, es decir, democracia real, regeneración democrática profunda. Una metodología que sea radicalmente democrática, que dé el protagonismo a la ciudadanía, a las bases, con la máxima transparencia. Para tener credibilidad ante el electorado hay que ser ejemplar, hay que practicar la coherencia. Teniendo en cuenta todo lo anterior, es obvio que en el momento presente es Podemos quien tiene mayores posibilidades de vertebrar la imprescindible unidad popular. Lo que no veo tan claro es si Podemos solo puede hacerlo.
La única explicación satisfactoria que podemos encontrar al “misterio” de que muchos ciudadanos, de las clases populares, sigan votando a sus verdugos, al PSOE, al PP, o a otros partidos que defienden básicamente lo mismo, ya sean viejos o nuevos (como Ciudadanos, el necesario recambio del sistema para que todo siga esencialmente igual), es la inconciencia o la falsa conciencia. La clave para cambiar el voto masivamente reside en la conciencia. Y para ello es ineludible tener en cuenta los prejuicios que tienen muchos ciudadanos. Prejuicios impregnados en sus mentes durante décadas de monopolio ideológico del sistema establecido, de las élites que controlan los transmisores de ideas en la sociedad, los grandes medios de comunicación, los creadores de opinión disfrazados de medios de información. No se puede combatir esos prejuicios sin tenerlos en cuenta. Uno de los factores del éxito de Podemos comparado con el fracaso de IU es la estrategia frente a esos prejuicios. Para combatirlos hay que prescindir de las banderas ideológicas tradicionales y centrarse en las ideas, prescindir de etiquetas y concentrarse en los contenidos. Por esto, entre otros motivos, Podemos en muy poco tiempo ha logrado mucho más que IU en tantos años. El éxito de Podemos es también consecuencia del fracaso de IU. Podemos ha llegado donde ha llegado por sus propias virtudes, pero también por los errores de la izquierda tradicional.
Ahora bien, los resultados de Podemos en las elecciones andaluzas, por debajo de las expectativas, invitan a la reflexión en el seno de dicha organización. Podemos ha tomado buena nota de muchos de los errores que IU ha cometido durante tantos años, pero no está exento de cometer también errores, nuevos o viejos, incluso de repetir algunos de los errores cometidos por la vieja izquierda. Y uno de esos posibles errores consiste en encerrarse en sí mismo, en no adaptarse rápida y continuamente a una realidad que cambia constantemente. Soy muy consciente de que todo esto que digo es fácil decirlo, es fácil hablar de cosas genéricas, lo complicado es traducirlas a lo concreto, lo difícil es pasar de las generalidades a los detalles. No digamos ya pasar de las palabras a los hechos. La realidad es muy compleja y sólo podemos aspirar a comprenderla en parte. Los datos objetivos pueden interpretarse de muchas maneras. En esa interpretación está la clave para readaptar la estrategia acertadamente o no.
A continuación voy a indicar lo que en mi modesta opinión (la cual, por supuesto, puede estar equivocada) son errores que debería corregir Podemos para que el cambio político sea finalmente posible en nuestro país, no se frustre:
1) Me parece un grave error afirmar tan alegre y contundentemente que el cambio es irreversible, que Podemos va a ganar las elecciones generales. El cambio no será real si no gana con suficiente mayoría un partido (o coalición de partidos) dispuesto a hacerlo. Incluso en el caso de una victoria abrumadora de Podemos éste tendrá muy difícil llevarlo a cabo. Tendrá mil y un obstáculos, a nivel nacional e internacional, necesitará un apoyo popular masivo y sostenido en las calles, requerirá una ciudadanía muy activa. Comprendo que hay que transmitir optimismo, que hay que combatir el derrotismo, pero nunca hay que caer en el triunfalismo o en la arrogancia. Además, ese tipo de afirmaciones incitan sin querer a la apatía. Si el cambio es inevitable para qué movilizarse, para qué votar, para qué esforzarse, puede pensar mucha gente. Creo que los portavoces de Podemos deben ser mucho más prudentes. La historia está llena de ejemplos que muestran claramente que nada es irreversible. Lo ocurrido en Andalucía demuestra sin paliativos que hay que ser más modestos. Lo cual no significa dejar de ser ambiciosos, hay que seguir aspirando a gobernar con una amplia mayoría. Este tropiezo andaluz puede ser una necesaria lección de humildad para Podemos (que estaba sufriendo el síndrome del crecimiento demasiado rápido). Pienso que es suficiente con transmitir la idea de que el cambio es muy posible, que está al alcance de nuestras manos, lo cual dependerá sobre todo de los ciudadanos. 2) Hay que plantearse seriamente la posibilidad de construir alianzas electorales con otras formaciones políticas (no sólo para las elecciones municipales), de abrirse no sólo a ciudadanos que actúen individualmente, sino también a otras organizaciones políticas y sociales. Por supuesto que no se trata de crear una sopa de siglas, de negociaciones entre líderes a espaldas de las bases, pero no puede descartarse que el voto se esté dividiendo entre formaciones cuyos programas son casi idénticos. Dispersión de votos que la ley electoral castiga implacablemente. Este tema hay que pensárselo muy bien pues las alianzas pueden ser un acicate o un obstáculo. Está claro, por un lado, véase lo que le ha ocurrido a IU, que un pacto con el PSOE (incluso mínimo, aunque sólo fuese para permitir su investidura en Andalucía) sería un suicidio político. Por otro lado, no está claro si coaligarse con IU puede ser beneficioso o no. Como ya indiqué en la unidad popular, yo reconozco que tengo muchas dudas, pero también creo que esto debe debatirse mucho más de lo que se ha hecho hasta ahora, dando también voz a las bases, a los ciudadanos en general. También pienso que no es muy acertado usar “marcas” distintas para las distintas elecciones, considero que dicho instrumento político que canalice la unidad popular debe tener un mismo nombre para todos los ámbitos geográficos. La proliferación de nombres puede despistar a la ciudadanía, no añadamos más confusión a la ya existente. 3) Hay que combatir con contundencia la amenaza que supone Ciudadanos para Podemos o el frente electoral que se constituya. Ese “nuevo” partido puede restarle muchos votos, como tal vez ya lo haya hecho en las elecciones andaluzas. La “operación Ciudadanos” puesta en marcha por el sistema para contrarrestar el “efecto Podemos” empieza a tener éxito. Hay que acorralar a los portavoces de Ciudadanos en público, intentar que se pronuncien sobre los temas en los que sabemos que no suponen una verdadera alternativa al sistema establecido, insistiendo en aquellas cuestiones en las que Podemos sí lo es frente a ellos, hay que desenmascarar ante la ciudadanía a esos falsos profetas. El sistema no lo hará por nosotros. Ciudadanos no va a sufrir el acoso mediático que ha padecido Podemos, todo lo contrario. Podemos debe hacerle ver a la gente el doble rasero empleado por la casta mediática. Expliquemos a la ciudadanía qué ha hecho Ciudadanos en el parlamento catalán, de qué lado ha votado, qué propone, hablemos de sus imputados, de la actitud de esos “periodistas” de la casta frente a ellos,… Nunca hay que perder de vista que mucha gente todavía está muy desinformada, sólo ve la televisión. Hay que combatir la operación Ciudadanos, puesta en marcha con el claro objetivo de que Podemos, por lo menos, deje de crecer. Hay que contraatacar. Nunca hay que subestimar al enemigo. 4) No se debe depender excesivamente de los viejos medios de propaganda , en posesión de nuestros enemigos. Por supuesto, nunca hay que desaprovechar las ocasiones de usarlos para nuestra causa. Grave error es no acudir a la televisión a debatir con nuestros enemigos para acudir a un mitin de unos pocos cientos de personas. Debe hacerse una labor continua de propaganda (pero diferente a la de nuestros enemigos, con propuestas muy concretas) tanto en las televisiones como en los barrios y en los pueblos (y no sólo durante las campañas electorales). Esto implica mucho trabajo. Para lo cual hay que distribuirlo todo lo posible. Hay que movilizar a las bases, éstas no deben limitarse a escuchar, a aplaudir, a vitorear, a dejarse convencer, también deben participar activamente en la concienciación de sus respectivos ámbitos sociales particulares (ver Los límites de Podemos). Los círculos Podemos pueden y deben desempeñar un papel primordial para contrarrestar la desinformación y para hacer llegar a la gente corriente que sólo se “informa” a través de la caja tonta lo que en verdad defendemos, lo que en verdad hacen y defienden nuestros enemigos. Si cada uno de nosotros es capaz de convencer a unos pocos y a su vez éstos siguen la labor de convencer a otros entonces sí será posible dar ese necesario salto para que se produzcan cambios políticos reales en nuestro país. Repito: no podemos permitirnos el lujo de jugar todo a una carta, carta que encima no controlamos, la controlan nuestros enemigos, debemos diversificar todo lo posible las formas de llegar a la gente, con medios tradicionales y nuevos, ajenos y propios. 5) Siempre hay que dar todas las explicaciones posibles y a tiempo. Grave error fue la tardanza de Juan Carlos Monedero para comparecer en rueda de prensa. Si aún no se dispone de los papeles necesarios para corroborar las afirmaciones, como mínimo, habrá que decir, cuantas veces sean precisas, que se va a dar explicaciones en breve, explicar las causas del retraso. Nunca hay que negarse a contestar a ningún periodista, ni siquiera a los más hostiles. La casta no se quedará de brazos cruzados y continuarán los ataques a Podemos a medida que se acerquen las citas electorales. Todo dependerá también de si dicha formación crece o se estanca. Cuanto más crezca más atacada será. Debemos estar preparados y saber cómo defendernos, además de contraatacar. Cualquier error que cometamos, por pequeño que sea, lo pagaremos muy caro, a diferencia de nuestros enemigos. Quien lucha contra el sistema establecido debe saber a qué atenerse. 6) Desconfiemos aún más de las encuestas. No dejemos que nos condicionen demasiado en nuestra ardua labor. Las verdaderas encuestas son las urnas. Las encuestas pueden jugarnos malas pasadas, tanto en un sentido como en otro. Tanto para hacernos creer que no tenemos nada que hacer porque no tenemos opciones como para hacernos creer que no hace falta hacer mucho porque tenemos el éxito garantizado. Trabajemos insistentemente sin depender de ellas, sin nunca perder de vista que el pueblo es voluble, que tan pronto puede apoyarnos como dejar de hacerlo. Y más, si cabe, en los tiempos tan convulsos que estamos viviendo. Quienes controlan los medios de comunicación, quienes controlan los resortes del Estado, saben perfectamente que la opinión pública es muy maleable. 
No tenemos el éxito garantizado, no caigamos en la autocomplacencia, no nos acomodemos. Los tropiezos son una oportunidad para mejorar nuestra lucha, para reaccionar, para ser más eficientes. De nosotros depende. El cambio es posible, pero no irreversible. Pensar que es imparable es el peor error de todos, error que no podemos permitirnos, error que nos puede condenar al fracaso. ¡No nos fallemos! Claro que podemos ganar, pero siempre que no perdamos de vista que también podemos perder. La ilusión puede dar paso a la decepción.
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