La educación de las mujeres en las Filipinas

Además de buscar más calidad de vida y un futuro mejor, las mujeres filipinas huyen de la violencia estructural que sufren en su país y de la que muchas veces no hay escapatoria por muy alto ... Primero se analiza el lugar de la mujer en la historia del país haciendo un breve recorrido histórico desde la época pre-colonial. Después llegaremos a la época colonial, situando las mujeres filipinas en la colonización española y americana. Y por último llegaremos al contexto actual de las mujeres filipinas, situando la posición que ... E-Net Philippines [Red de la sociedad civil para las reformas de la educación – E-Net Filipinas] Door 2 Casal Building, 15 Anonas St Project 3, Bgy Quirino, Ciudad Quezón (Filipinas 1102) Correo electrónico: cecilia.enetphil (at) gmail.com / cecilia_soriano (at) e-netphil.org Teléfono: +632 421-4773 / +632 433 5152 El mantenimiento de la educación básica de 10 años sólo se pondrá a las Filipinas en una posición desventajosa. El Acuerdo de Bolonia está a punto de entrar en vigor. El Acuerdo es un acuerdo entre los países de la Unión Europea que no reconozcan los profesionales cuya educación básica no es de 12 años. El presidente de Filipinas, Rodrigo Duterte, afirmó anoche que el aumento de los casos de violaciones y asaltos sexuales en Davao se debe a que la ciudad de la que fue alcalde durante más de dos... Muchos de los colegios que aún existen en Filipinas tienen su origen en los beaterios fundados por Francisca de Fuentes, Ignacia del Espíritu Santo o las Hermanas Talangpaz. Con su tenacidad lograron superar los prejuicios de la época y las trabas institucionales para mejorar las condiciones de las mujeres filipinas y facilitar el acceso a ... La comida y tradiciones de un país puede explicar por qué rostros vietnamitas son largas y los rostros de Malasia son todo el año. En las Filipinas. Las mujeres de las Filipinas por lo general tienen diferentes colores de piel. Pocos son de color blanco. Otros son de color oscuro o negro. Los filipinos, que tienen más oscuros tonos de la ... Partiendo de que todo conocimiento es situado, el artículo subraya la importancia de pensar desde las vidas de los grupos excluidos, en este caso las mujeres, para llenar los silencios y olvidos de las disciplinas. Tomando como base la epistemología del Feminist Standpoint, repasa distintas representaciones y miradas que los hombres proyectan sobre las mujeres en contextos de violencia y que ...

“Breve Historia del Neoliberalismo” (2007) de David Harvey. Apuntes y brevísima valoración del libro

2020.02.06 00:08 MoteConHuesillo “Breve Historia del Neoliberalismo” (2007) de David Harvey. Apuntes y brevísima valoración del libro

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APUNTES DEL LIBRO
El libro se divide en 7 partes más una introducción donde se declara que el objetivo será articular “un relato político-económico del origen de la neoliberalización y del modo en que ha proliferado de manera tan generalizada a escala mundial.”, además de que se da una pequeña sinopsis del contenido de las 7 partes. A continuación sintetizaré algunas ideas que me parecieron interesantes de cada una de las partes del libro, y citaré latamente en algunos casos.
I.- La libertad no es más que una palabra
La descripción en Google Books nos “spoilea” la tesis central que revela en la mitad del desarrollo de esta primera parte y que intentará demostrar en las partes subsecuentes. De aquella cito:
> Lejos de tratarse de una adaptación natural y de una respuesta técnicamente neutra a las dificultades experimentadas por las economías occidentales y por las estrategias de desarrollo del Sur global tras la crisis de la década de 1970, David Harvey demuestra cómo el neoliberalismo fue una contundente y articulada respuesta política concebida por las clases dominantes globales para disciplinar y restaurar los parámetros de explotación considerados "razonables" tras la onda de luchas que recorrieron el planeta tras la Segunda Guerra Mundial.
El análisis basado en clases es la herramienta omnipresente en el libro de Harvey para decir que el porqué del neoliberalismo como doctrina empujada por ciertas elites es “para lograr la restauración del poder de clase”. Sin embargo, aunque las “clases” en su exposición funcionan dicotómicamente en tensión de opuestos como corresponde a la tradición, ello no significa que utilice la noción marxista anticuada de “burguesía” como “industrialistas” que buscan acumular capital, sino que es cuidado en tratar sobre cómo ha habido desde los 80 una resignificación en el poder de las clases privilegiadas: el accionista pasa de ser primario a ser secundario frente a los especuladores de Wall Street.
Ahora bien, lejos de plantear su tesis de la restauración de clases de modo simplista centrado únicamente por el interés anglosajón Harvey considera que:
> (…) Estados Unidos no obligó a Margaret Thatcher a adentrarse en la inexplorada senda neoliberal en 1979. Como tampoco obligó a China, en 1978, a emprender el camino hacia la liberalización. Los restringidos movimientos hacia la neoliberalización de India en la década de 1980 y de Suecia a principios de la de 1990, no pueden atribuirse fácilmente al alcance imperial del poder estadounidense.
> Evidentemente, el desarrollo geográfico desigual del neoliberalismo a escala mundial, ha sido un proceso de gran complejidad que ha entrañado múltiples determinaciones y no poco caos y confusión.
Esto es importantísimo tenerlo a la vista, ya que en las partes siguientes el relato se centrada en la multiplicidad de causalidades para que un Estado adhiera libre y muchas veces no tan libremente al ideario neoliberal. El caso de Chile por su violencia no es la norma para el autor.
En esta primera parte se define al “neoliberal”:
> Los miembros del grupo se describían como “liberales” (…) debido a su compromiso fundamental con los ideales de la libertad individual. La etiqueta neoliberal señalaba su adherencia a los principios de mercado libre acuñados por la economía neoclásica, que había emergido en la segunda mitad del siglo XIX (gracias al trabajo de Alfred Marshall, William Stanley Jevons, y Leon Walras) para desplazar las teorías clásicas de Adam Smith, David Ricardo y, por supuesto, Karl Marx. No obstante, también se atenían a la conclusión de Adam Smith de que la mano invisible del mercado era el mejor mecanismo para movilizar, incluso, los instintos más profundos del ser humano como la glotonería, la gula y el deseo de riqueza y de poder en pro del bien común. Así pues, la doctrina neoliberal se oponía profundamente a las teorías que defendían el intervencionismo estatal, como las de John Maynard Keynes, que ganaron preeminencia en la década de 1930 en respuesta a la Gran Depresión.
Posguerra, a partir de los 50 hasta los 70-80 el tipo de ideología dominante en los Estados occidentales era el “liberalismo embridado”, el cual constreñía el capital y le daba cierta fuerza al Estado. Lamentablemente desde Hayek comenzó un ataque ideológico férreo contra la regulación y, haciéndose eco de Polanyi, Harvey citará al austrohúngaro:
> La planificación y el dirigismo son acusados de constituir la negación de la libertad. La libre empresa y la propiedad privada son declaradas partes esenciales de la libertad, y se dice que una sociedad no constituida sobre estos pilares no merece el nombre de libre. La libertad creada por la reglamentación es denunciada como una no libertad. La justicia, la libertad y el bienestar que esta reglamentación ofrece, son criticadas como un disfraz de la esclavitud.
> La idea de libertad «degenera, pues, en una mera defensa de la libertad de empresa» que significa «la plena libertad para aquellos cuya renta, ocio y seguridad no necesitan aumentarse y apenas una miseria de libertad para el pueblo, que en vano puede intentar hacer uso de sus derechos democráticos para resguardarse del poder de los dueños de la propiedad». Pero si, tal y como siempre es el caso, «no es posible sociedad alguna en la que el poder y la compulsión estén ausentes, ni un mundo en el que la fuerza no desempeñe ninguna función», entonces, la única forma de que esta visión liberal utópica pueda sostenerse es mediante la fuerza, la violencia y el autoritarismo.
II.- La construcción del consentimiento
> La apelación a las tradiciones y a los valores culturales fue muy importante en este proceso. Un proyecto manifiesto sobre la restauración del poder económico en beneficio de una pequeña elite probablemente no cosecharía un gran apoyo popular. Pero una tentativa programática para hacer avanzar la causa de las libertades individuales podría atraer a una base muy amplia de la población y de este modo encubrir la ofensiva encaminada a restaurar el poder de clase. (…) ¿Cómo, entonces, negoció este giro el neoliberalismo para desplazar de manera tan arrolladora al liberalismo embridado? En algunos casos, la respuesta descansa en buena medida en el uso de la fuerza (ya sea militar, como en Chile, o financiera, como ocurre a través de las operaciones del FMI en Mozambique o en Filipinas). La coerción puede producir una aceptación fatalista, incluso abyecta, de la idea de que no había ni hay “alternativa”, tal y como Margaret Thatcher continúa insistiendo. La construcción activa de consentimiento también ha variado de un lugar a otro.
Para el geógrafo y teórico social inglés la manera en que la neoliberalización penetró en el sentido común popular fue parasitando en todos los movimientos políticos que sostuvieran que las libertades individuales son sacrosantas. En ese sentido, por ejemplo, tuvo en la mira el movimiento del 68 o el de libertad de expresión en Berkeley, y logró mercantilizar los estilos de vida, modos de expresión y una amplia gama de prácticas culturales que buscaban los movimientos estudiantiles manifestar, lo cual lamentablemente “Los movimientos de izquierda no fueron capaces de reconocer o de confrontar, y mucho menos de trascender, la tensión inherente entre la búsqueda de libertades individuales y la justicia social.”
Posteriormente en esta parte describirá más a fondo los casos del giro neoliberal en Estados Unidos (Reagan) y Gran Bretaña (Thatcher) en los 70 a 80. En el primer caso describe como Nueva York fue la “ciudad modelo” que sería punta de lanza neoliberal:
> El sistema del bienestar corporativo sustituyó al sistema del bienestar para la población. Las instituciones de elite neoyorquinas fueron movilizadas para vender la imagen de la ciudad como centro cultural y destino turístico (…). Las elites dominantes cambiaron de opinión, a menudo con reticencias, para apoyar la apertura del campo cultural a todo tipo de corrientes cosmopolitas diversas. La exploración narcisista del yo, la sexualidad y la identidad se convirtieron en el leitmotiv de la cultura urbana burguesa. La libertad y la licencia artísticas promovidas por las poderosas instituciones culturales de la ciudad condujeron, en efecto, a la neoliberalización de la cultura. (…) Las elites de la ciudad accedieron, aunque no sin batallar, a la demanda de diversificación de los estilos de vida (…) y crecieron las opciones de consumo alternativo especializado (en áreas como la producción cultural).
En el caso británico se describe cómo “A través de los medios de comunicación circulaban fuertes corrientes críticas (…), que cada vez estaban más subordinadas a los intereses financieros. El individualismo, la libertad y los derechos se describían como términos opuestos a la asfixiante ineptitud burocrática del aparato estatal y al opresivo poder sindical. Estas críticas se generalizaron por todo el país a lo largo de la década de 1960 y se hicieron todavía más enérgicas durante los días grises del estancamiento económico que marcó la década de 1970. La gente temió entonces que Gran Bretaña se estuviera convirtiendo en un «Estado corporativista, abocado a una gris mediocridad»”.
El consentimiento se torna ideología hegemónica en función que ya para Clinton como Blair siendo de “izquierda” su margen de maniobra es tan limitado que no tuvieron otra que ser continuadores del proceso de restauración del poder de clase.
III.- El Estado neoliberal
Junto con la parte I considero que esta es la parte que se describe todo más desde un punto de vista global teórico y menos se dedica al caso a caso. Si es por leer solamente ciertas partes del libro recomienda ésta tercera y la primera. Sus secciones son muy buenas como para hacer justicia en unos pocos párrafos y se ordenan muy sistemáticamente desde “El Estado neoliberal en teoría”, “Tensiones y contradicciones [del neoliberalismo]”, “El Estado neoliberal en la práctica” y “La respuesta neoconservadora”. Por ejemplo, la última sección es clave para entender cómo José Antonio Kast no es adecuado denominarlo “neoliberal”, sino que “neoconservador”. In nuce, ¿qué dice el neoliberalismo sobre el Estado?
> De acuerdo con la teoría, el Estado neoliberal debería favorecer unos fuertes propiedad privada individual, el imperio de la ley, y las instituciones del libre mercado y derechos de libre comercio. Estos son los puntos de acuerdo considerados esenciales para garantizar las libertades individuales. El marco legal viene definido por obligaciones contractuales libremente negociadas entre sujetos jurídicos en el mercado. La inviolabilidad de los contratos y el derecho individual a la libertad de acción, de expresión y de elección deben ser protegidos. El Estado, pues, utiliza su monopolio de los medios de ejercicio de la violencia, para preservar estas libertades por encima de todo.
> Los teóricos del neoliberalismo albergan, sin embargo, profundas sospechas hacia la democracia. El gobierno de la mayoría se ve como una amenaza potencial a los derechos individuales y a las libertades constitucionales. (…) Los neoliberales tienden, por lo tanto, a favorecer formas de gobierno dirigidas por elites y por expertos. Existe una fuerte preferencia por el ejercicio del gobierno mediante decretos dictados por el poder ejecutivo y mediante decisiones judiciales en lugar de mediante la toma de decisiones de manera democrática y en sede parlamentaria. Los neoliberales prefieren aislar determinadas instituciones clave, como el banco central, de las presiones de la democracia. Dado que la teoría neoliberal se concentra en el imperio de la ley y en la interpretación estricta de la constitucionalidad, se infiere que el conflicto y la oposición deben ser dirimidos a través de la mediación de los tribunales. Los individuos deben buscar las soluciones y los remedios de todos los problemas a través del sistema legal.
Esto explica la preferencia que ha mostrado la derecha chilena por recurrir al Tribunal Constitucional para trabar leyes discutidas y aprobadas democráticamente en el parlamento, además de que se deja todo a judicialización en vez de hacer leyes para controlar excesos, por ejemplo como ocurre que sostenidamente en el tiempo hay casos judiciales contra las Isapres por subidas de precio en planes, en vez de hacer leyes que regulen mejor ese “mercado”.
Sobre tensiones y contradicciones para la teoría neoliberal: Es difícil tratar con el poder monopolista, ya que normalmente la competencia desemboca en oligopolios, dado que “los grandes se comen a los chicos”, a su vez que se ponen barreras sustanciales a la entrada de competidores, lo cual va contra la competencia y que el Estado debe, por consiguiente, regular. Por otra parte es una dificultad el hecho de que el sistema de producción no maneja adecuadamente con las externalidades como la contaminación, por tanto se necesita cierto marco regulatorio de parte del Estado. Otra tensión es que:
> Para protegerse frente a sus grandes miedos -el fascismo, el comunismo, el socialismo, el populismo autoritario e incluso el gobierno de la mayoría-, los neoliberales tienen que poner fuertes límites al gobierno democrático y apoyarse, en cambio, en instituciones no democráticas ni políticamente responsables (como la Reserva Federal o el FMI) para tomar decisiones determinantes. Ésto crea la paradoja de una intensa intervención y gobierno por parte de elites y de “expertos” en un mundo en el que se supone que el Estado no es intervencionista.
Ahora bien, estas tensiones conllevan que la implementación de la teoría a la práctica sea ajustada a las distintas realidades locales e involucra que el Estado, a pesar de publicitarse como mínimo e inútil, tiene su correspondiente tamaño y es esencial para el funcionamiento de la doctrina: “(…) El neoliberalismo no torna irrelevante al Estado ni a instituciones particulares del Estado (como los tribunales y las funciones policiales), tal y como algunos analistas tanto de derechas como de izquierdas han argumentado. Sino que más bien, y con el objeto de hacerlo más funcional a sus propios intereses, producen una reconfiguración radical de las instituciones y de las prácticas estatales (en particular respecto al equilibrio entre la coerción y el consentimiento, entre el poder del capital y de los movimientos populares, y entre el poder ejecutivo y judicial, por un lado, y los poderes de la democracia representativa por otro). El neoconservadurismo es la ideología post-neoliberal que emerge para luchar contra las contradicciones centrales neoliberales.
> Si «no existe eso que llamamos sociedad, sino únicamente individuos», tal y como Thatcher lo formulara en un principio, entonces, el caos de los intereses individuales puede con facilidad acabar prevaleciendo sobre el orden. (…) Incluso, puede conducir a una ruptura de todos los vínculos de solidaridad y a un estado próximo al anarquismo social y el nihilismo. (…) Frente a esta situación, parece necesario implantar cierto grado de coerción social en aras a restaurar el orden. Por lo tanto, los neoconservadores hacen hincapié en la militarización en tanto que antídoto al caos de los intereses individuales. Por esta razón son mucho más propensos a llamar la atención sobre las amenazas, ya sean reales o imaginarias, y tanto domésticas como provenientes del exterior, a la integridad y a la estabilidad de la nación.
IV.- Desarrollos geográficos desiguales / V.- Neoliberalismo con características chinas
Es fácil concluir que estas dos partes responden a una misma intención del autor, a saber, construir un relato del camino hacia la hegemonía neoliberal que no fuera simplista respecto a las causas y la cadena de sucesos que llevaron a su ascenso. La restauración del poder de clases en algunos países involucró la creación de nuevos individuos súper ricos, así como también la mantención de otros en la clase alta. Ideológicamente el neoliberalismo se propagó mediante la competencia entre los diferentes territorios por poseer el mejor modelo de desarrollo económico dado “un sistema más fluido y abierto de relaciones comerciales que se estableció después de 1970. Así pues, el progreso general de la neoliberalización se ha visto crecientemente impelido a través de mecanismos de desarrollo geográfico desigual. Los Estados o las regiones más prósperas presionan al resto para que sigan sus pasos. Las innovaciones más rompedoras colocan a éste o aquél Estado (Japón, Alemania, Taiwán, Estados Unidos o China), región (Silicon Valley, Baviera, la Terza Italia, Bangalore, el delta del río Perla, o Bostwana), o incluso ciudad (Boston, San Francisco, Shanghai, o Munich) en la vanguardia de la acumulación de capital.”
Esta cuarta parte en conjunto con la quinta se dedican a la documentación e interpretación del caso a caso de la propagación neoliberal, documentación necesaria para apoyar la tesis central que aunque es sencilla de enunciar, es ardua de fundar. En particular la conclusión de la cuarta parte del libro es:
> Las evidencias reunidas en las páginas precedentes sugieren que el desarrollo desigual fue tanto un resultado de la diversificación, de la innovación y de la competencia (en ocasiones de tipo monopolista) entre modelos de gobiernos nacionales, regionales y en algunas instancias incluso municipales, como una imposición por parte de alguna potencia hegemónica externa como Estados Unidos. Un análisis más desgranado indica que existe un amplio abanico de factores que afectan al grado de neoliberalización alcanzado en cada caso concreto. Los análisis más convencionales de las fuerzas en juego se concentran en cierta combinación formada por el poder de las ideas neoliberales (se considera particularmente fuerte en los casos de Gran Bretaña y Chile), por la necesidad de responder a crisis financieras de varios tipos (como en México y Corea del Sur) y por un enfoque más pragmático de la reforma del aparato estatal (como en Francia y en China) para mejorar la posición competitiva en el mercado global. Aunque todos estos elementos han sido de cierta relevancia, la ausencia de todo análisis de las fuerzas de clase que podrían estar operando en este proceso, es bastante inquietante. La posibilidad, por ejemplo, de que las ideas dominantes pudieran ser las de cierta clase dominante ni siquiera es considerada, a pesar de que hay evidencias abrumadoras de que se han producido potentes intervenciones por parte de las elites empresariales y de los intereses financieros en la producción de ideas y de ideología a través de la inversión en think-tanks, en la formación de tecnócratas y en el dominio de los medios de comunicación. La posibilidad de que las crisis financieras pudieran estar causadas por una huelga de capital, una fuga de capitales o la especulación financiera, o de que sean urdidas deliberadamente para facilitar la acumulación por desposesión, es descartada como demasiado conspirativa, incluso ante innumerables indicios que hacen sospechar la existencia de ataques especulativos coordinados sobre una moneda u otra.
China tampoco estuvo exenta de la fiebre neoliberal, pero ésta fue llevada a cabo a su modo, ya que no tuvo una “terapia de choque”, lo que significó “(…) construir un modelo de economía de mercado manipulada por el Estado que proporcionó un espectacular crecimiento económico (arrojando una tasa media de crecimiento cercana al 10 % anual) y que ha aumentado de manera progresiva el nivel de vida de una significativa porción de la población durante más de 20 años167. Pero las reformas también conllevaron degradación medioambiental, desigualdad social y eventualmente algo que de manera incómoda se parece a la reconstitución del poder de clase capitalista.”.
VI.- El neoliberalismo a juicio
> Los dos motores económicos que han impulsado al mundo a través de la recesión global que se afianzó después de 2001, han sido Estados Unidos y China. Lo irónico es que ambos países han estado actuando como Estados keynesianos en un mundo supuestamente gobernado por reglas neoliberales. Estados Unidos ha recurrido de manera desmedida a la financiación mediante el déficit presupuestario de su militarismo y de su consumismo, mientras China ha financiado mediante el endeudamiento con créditos bancarios de dudoso cobro enormes inversiones en infraestructuras y en capital fijo.
Esta parte se dedica a mostrar que las supuestas “hazañas” del neoliberalismo no son tales y que cuestiones como disminución de la pobreza lo son por el keynesianismo chino y los esfuerzos estatales de la India. La única gran hazaña que tiene el neoliberalismo a su haber es la redistribución de la riqueza, pero hacia las clases altas; ¿cómo ha sido hecho esto?
> En un trabajo previo, he proporcionado un análisis de los principales mecanismos que han sido utilizados para conseguir ésto, bajo el título de «acumulación por desposesión». Esta expresión alude a la continuación y a la proliferación de prácticas de acumulación que Marx había considerado como «original›› o «primitiva» durante el ascenso del capitalismo. Estas prácticas comprenden la mercantilización y privatización de la tierra y la expulsión forzosa de poblaciones campesinas (...); la conversión de formas diversas de derechos de propiedad (comunal, colectiva, estatal, etc.) en derechos exclusivos de propiedad privada (…); la supresión de los derechos sobre los bienes comunes; la mercantilización de la fuerza de trabajo y la eliminación de modos de producción y de consumo alternativos (autóctonos); procesos coloniales, neocoloniales e imperiales de apropiación de activos (los recursos naturales entre ellos); y, por último, la usura, el endeudamiento de la nación y, lo que es más devastador, el uso del sistema de crédito como un medio drástico de acumulación por desposesión. (…) Actualmente, a este listado de mecanismos podemos añadir una batería de técnicas como la extracción de rentas de las patentes y de los derechos de propiedad intelectual, y la disminución o la anulación de varias formas de derechos de propiedad comunes (como las pensiones del Estado, las vacaciones retribuidas, y el acceso a la educación y a la atención sanitaria) ganados tras generaciones de lucha de clases. Por ejemplo, la propuesta de privatizar integralmente el sistema público de pensiones (experimentada por primera vez en Chile bajo la dictadura) es uno de los preciados objetivos de los republicanos en Estados Unidos.
Dentro de esta parte llama la atención la sección “La mercantilización de todo” la cual bebe completamente del trabajo de Polanyi. Llama la atención, ya que Polanyi no era un teórico marxista, era muy crítico de él y Harvey siendo marxista lo utiliza completamente en esta sección que es básicamente una nota al pie de Polanyi en su idea de que “En el centro de la teoría liberal y neoliberal descansa la necesidad de articular mercados coherentes para la tierra, la fuerza de trabajo y el dinero pero, tal y como Karl Polanyi señaló, todo ello, «obviamente, no son mercancías [...]. La descripción como mercancía del trabajo, de la tierra, y del dinero es enteramente ficticia». Aunque el capitalismo no puede funcionar sin estas ficciones, el daño que causa si deja de reconocer las complejas realidades que le subyacen es incalculable.” La flexibilidad laboral es un corolario de transformar al trabajo en mercancía la cual tiene beneficios para algunos, aquellos que tienen los medios para negociar sus condiciones de trabajo, versus la mayoría a quienes “flexibilidad laboral” es lisa y llanamente “precarización”.
La sección “Degradaciones ambientales” me parece innecesaria apuntarla, ya que hoy – espero – es de sentido común la relación directa entre sobrexplotación, sobreproducción y sobreconsumo con neoliberalismo. Finalmente “Sobre los derechos” es especialmente interesante para quienes observan la hipocresía del discurso en favor de una “libertad” que es llevada a otros países a punta de misiles y drones:
> Esta apelación al universalismo de los derechos es un arma de doble filo. Puede y debe ser utilizada sin olvidar en ningún momento los fines progresistas que la animan. La tradición que encuentra sus mayores exponentes en Amnistía Internacional, Médicos sin Fronteras, y otras organizaciones próximas a ellas, no puede ser desechada como un mero accesorio del pensamiento neoliberal. Toda la historia del humanismo (tanto en su versión occidental -clásicamente liberal- como en sus diversas versiones no occidentales) es demasiado compleja como para permitirlo. Pero los objetivos limitados de muchos discursos sobre los derechos (en el caso de Amnistía Internacional hasta hace poco su único objeto de atención eran los derechos civiles y políticos netamente separados de los económicos) hace que sean demasiado fáciles de absorber dentro del marco neoliberal. El universalismo parece funcionar particularmente bien cuando se abordan cuestiones globales como el cambio climático, el agujero de la capa de ozono o la pérdida de la biodiversidad a través de la destrucción del hábitat. Pero sus resultados en la arena de los derechos humanos resultan más dudosos, dada la diversidad de las circunstancias político-económicas y de las prácticas culturales que existen en el mundo. Además, no ha sido nada difícil incorporar las cuestiones relativas a los derechos humanos en calidad de «espadas del Imperio».
VII.- El horizonte de la libertad
La última parte funciona como conclusión, ya que no hay una explícitamente puesta. Desde una perspectiva ideológica dura de izquierda es muy poco satisfactoria, ya que se nota cómo el autor ha cedido a no hablar de un levantamiento de clases por hablar de buscar justicia social dentro del marco de lo posible que deja la lucha de clases. Esto es claro al poner en un mismo párrafo a Smith con Marx:
> Karl Marx, por ejemplo, también sostuvo la opinión escandalosamente radical de que un estómago vacío no era algo apropiado para la libertad. «La esfera de la libertad», escribió, «en realidad comienza únicamente donde acaba el trabajo que viene determinado por la necesidad y por consideraciones mundanas», indicando, por añadidura, que por lo tanto «yace más allá de la esfera de la estricta producción material». Él supo ver que nunca podríamos liberarnos de nuestras relaciones metabólicas con la naturaleza o de nuestras relaciones sociales mutuas, pero que al menos podíamos aspirar a construir un orden social en el que la libre exploración de nuestras potencialidades individuales y como especie se convirtieran en una posibilidad real. Si partimos del concepto de libertad de Marx, y casi con toda seguridad del expuesto por Adam Smith en su Theory of Moral Sentiments, la neoliberalización no podría por menos que considerarse un fracaso monumental. Aquellas personas que son excluidas o expulsadas del sistema de mercado -una enorme reserva de personas aparentemente desechables, privadas de protección social y de estructuras sociales de solidaridad- poco pueden esperar de la neoliberalización excepto pobreza, hambre, enfermedad y desesperación. Su única esperanza es trepar como sea posible a bordo del barco del sistema de mercado bien como productores de pequeñas mercancías, como vendedores en la economía informal (de cosas o de fuerza de trabajo), como pequeños depredadores que piden limosna, roban o, de manera violenta, obtienen algunas migajas de la mesa del rico, o bien como participantes en el enorme mercado ilegal del tráfico de drogas, de armas, de mujeres, o de cualquier otra cosa ilegal de la que haya demanda. (...) En el otro extremo de la escala de la riqueza, aquellos plenamente incorporados dentro de la inexorable lógica del mercado y de sus demandas apenas encuentran tiempo ni espacio para explorar potencialidades emancipadoras fuera de lo que es comercializado como aventura «creativa», ocio y espectáculo. Obligados a vivir como apéndices del mercado y de la acumulación de capital en lugar de como seres expresivos, la esfera de la libertad se encoje ante la terrible lógica y la vacía intensidad de las ligaduras del mercado.
Una democracia dentro del marco de lo posible parece ser la propuesta a la que llega el autor: “Pero es la naturaleza profundamente antidemocrática del neoliberalismo, respaldada por el autoritarismo neoconservador, lo que sin duda debería construir el núcleo de la lucha política. El déficit democrático en algunos países nominalmente «democráticos» como Estados Unidos es actualmente enorme”.
BREVISIMA VALORACIÓN DEL LIBRO
Quizás las obras que se me vienen más rápido a la mente de la misma época (posterior a invasión de Irak, 2003) y del mismo tópico general, sobre el levantamiento del neoliberalismo, son “La doctrina del shock. El auge del capitalismo del desastre” (2007) de Naomi Klein y “Confesiones de un sicario económico” (2004) de John Perkins. Ambos libros mencionados palidecen respecto al análisis y complejidad, ya que comparativamente el trabajo de David Harvey tiene el tono moderado de la academia y la búsqueda del conocimiento más que el de colección de anécdotas. Recomendado para quienes no quieran leer “Capitalismo y libertad” (1966) de Milton Friedman, pero quieren saber esencialmente sobre los principios ideológicos del neoliberalismo, y además darse una vuelta en el globo sobre cómo la ofensiva de esta doctrina ha tomado diferentes formas desde Suecia hasta China. Además es muy recomendado para entender en qué sentido, por ejemplo, en Chile la Concertación es un proyecto liberal de derecha, en tanto que su marco conceptual se da después de la victoria global del proyecto neoliberal de restauración de clases. Lo dejo a disposición del sub, ya que me parece un material indispensable dada la contingencia social post-estallido para hacer una resignificación del marco en que se está discutiendo de modo de no caer en los términos que se está haciendo en los espacios institucionalizados de discusión.
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2019.07.31 15:14 RadfemXX__ Janice G. Raymond

Janice G. Raymond es una activista feminista desde hace mucho tiempo que trabaja para poner fin a la violencia contra las mujeres y la explotación sexual, así como el abuso médico de las mujeres. Es autora de cinco libros, un volumen editado y varios artículos traducidos a varios idiomas sobre temas que van desde la violencia contra las mujeres, la salud de las mujeres, la teoría feminista, el feminismo lésbico y la biomedicina. Ha publicado numerosos artículos sobre prostitución y tráfico sexual y conferencias internacionales sobre estos temas.

Carrera académica

Janice Raymond es profesora emérita de Estudios de la Mujer y Ética Médica en la Universidad de Massachusetts en Amherst. Fue miembro de la facultad de la Universidad de Massachusetts en Amherst desde 1978 en adelante. Cuando se retiró de la Universidad en 2002, el Boston Globe la incluyó entre los varios "talentos de marquesina" perdidos en el campus (1).
De 2000 a 2007, Raymond también se desempeñó como profesora adjunta de salud internacional en la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Boston. Ha sido profesora de Estudios de la Mujer y Ética Médica de Five College (Amherst, Hampshire, Mt. Holyoke, Smith y la Universidad de Massachusetts) (1975–), Investigadora visitante en el Instituto de Tecnología de Massachusetts (1990–91), Profesora visitante en la Universidad de Linkoping en Suecia (1995), y profesora en el Instituto Estatal de Estudios Islámicos (IAIN Sunan Kalijaga), Centro de Estudios sobre la Mujer, Yogyakarta, Indonesia (2002).

Publicaciones e investigaciones

Vea listas de libros en la página web por separado (menú desplegable) y artículos .

Abogacía

De 1994 a 2007, Janice Raymond fue co-directora ejecutiva de la Coalición contra la trata de mujeres (CATW). CATW es una ONG internacional que tiene un estatus consultivo de categoría II con ECOSOC, con sucursales en muchas regiones del mundo. Actualmente se encuentra en la Junta de Directores de CATW.
A través de su trabajo con CATW, Janice Raymond ha sido líder en la campaña para reconocer la prostitución como violencia contra las mujeres y como una de las peores formas de desigualdad de género. Esto ha incluido testificar internacionalmente para oponerse a la legalización de la industria del sexo, abogar por que los gobiernos brinden servicios y alternativas para las mujeres en la prostitución y promover legislación que penalice la compra de mujeres y niñas para actividades sexuales.
Durante su mandato, CATW amplió su trabajo internacional, especialmente en los países bálticos y en los países de Europa oriental y meridional, incluidos Estonia, Letonia, Lituania, Croacia, Moldavia, Albania, Kosovo y Hungría. Ella apoyó proyectos innovadores de prevención que desalientan la demanda de prostitución, una causa fundamental del tráfico sexual, desafiando a los hombres jóvenes a un nivel diferente de masculinidad y alistándolos en la campaña contra la explotación sexual.
En enero de 2004, el Dr. Raymond testificó ante el Parlamento Europeo sobre "El impacto de la industria del sexo en la UE". En 2003, Raymond testificó ante un subcomité del Congreso de los Estados Unidos sobre "La tragedia en curso de la esclavitud internacional y la trata de personas". Anteriormente, fue miembro de una ONG de la delegación de los EE. UU. En la Iniciativa regional asiática contra la trata de mujeres y niños (ARIAT), Manila, Filipinas, organizada por los gobiernos de Filipinas y los Estados Unidos. En 1999–2000, como representante de una ONG ante el Comité de Delincuencia Transnacional de la ONU, en Viena, ayudó a definir el Protocolo de la ONU para prevenir, reprimir y sancionar la trata de personas, especialmente mujeres y niños, que complementa la Convención de la ONU contra la Delincuencia Organizada Transnacional .
Janice Raymond también ha sido testigo experta de desafíos legales que promueven la legalización / despenalización de la industria del sexo, incluso en el Tribunal Superior de Justicia de Ontario, Bedford v. Fiscal General de Canadá, 07-CV-329807PD1, 24 de abril de 2008.

Educación

Janice Raymond recibió un Ph.D. en Ética y Sociedad del Boston College en 1977, una Maestría en Estudios Religiosos de la Escuela Teológica Andover Newton en 1971, y una Licenciatura en Literatura Inglesa del Salve Regina College en 1965.

Premios y honores

En 2007, el Dr. Raymond recibió el "Premio Internacional de la Mujer, 2007" del Zero Tolerance Trust, en Glasgow, Escocia (2).
En 1986, el libro de Raymond, A Passion for Friends: A Philosophy of Female Friendship, fue nombrado el mejor libro de no ficción del año por la revista británica City Limits .
Raymond ha recibido subvenciones del Departamento de Estado de los EE. UU., El Instituto Nacional de Justicia de EE. UU., La Fundación Ford, la Agencia de Información de los Estados Unidos, la Fundación Nacional de Ciencias, la Agencia Noruega para la Cooperación al Desarrollo (NORAD) y la UNESCO.
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2016.05.24 15:28 ShaunaDorothy Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista ¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria! (1 - 2) (Primavera de 2007)

https://archive.is/mnbfW
Espartaco No. 27 Primavera de 2007
Las "reformas de mercado" en China: Un análisis trotskista
¡Defender al estado obrero deformado chino! ¡Por la revolución política proletaria!
El siguiente artículo ha sido traducido de Workers Vanguard Nos. 874 y 875 (4 de agosto y 1º de septiembre de 2006), periódico de nuestros camaradas de la Spartacist League/U.S.
Hace dos años, dos intelectuales estadounidenses de izquierda, Martin Hart-Landsberg y Paul Burkett, produjeron una severa y amplia condena a la economía china de la era de “reformas” desde una perspectiva supuestamente marxista. Su artículo, “China y el socialismo: Reformas de mercado y lucha de clases”, fue publicado originalmente en Monthly Review (julio-agosto de 2004) y subsecuentemente publicado como libro. En particular, los autores se dirigen a los intelectuales “progresistas” que consideran a China un modelo exitoso de desarrollo económico alternativo a las “reformas estructurales” del neoliberalismo, dictadas por el imperialismo estadounidense y el Fondo Monetario Internacional, que han devastado a muchos países subdesarrollados. Hart-Landsberg y Burkett escriben: “No sólo discrepamos con los progresistas que ven en China un modelo de desarrollo (sea socialista o no); pensamos que el proceso por el cual llegaron a esta posición subraya un problema aún más serio: el rechazo general del marxismo por la comunidad progresista.”
Entre los “progresistas” con quienes discrepan está Victor Lippit, quien, con sus copensadores en Critical Asian Studies (37:3 [2005]), respondió con algunos estudios críticos de “China y el socialismo”. A su vez, Hart-Landsberg y Burkett escribieron una larga réplica (Critical Asian Studies 37:4 [2005]).
Lippit, un político liberal que por mucho tiempo ha estudiado la economía china, es básicamente un partidario del programa de “reformas” orientadas al mercado, aunque con algunas críticas de izquierda. Por ejemplo, lamenta el deterioro en los sistemas de salud pública, especialmente en el campo, como “vergonzoso”. Para él, el régimen de Beijing debería gastar muchos más recursos en el cuidado de la salud, la educación y el mejoramiento de las condiciones de la población rural, incluso a costa de la reducción, por corto tiempo, del crecimiento económico como se mide convencionalmente. No obstante, Lippit es definitivamente un optimista sobre China; cita un estudio de Goldman Sachs, un banco inversionista de Wall Street, que proyecta que el producto interno bruto de China habrá sobrepasado al de Estados Unidos para 2041.
A pesar de sus diferencias, Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro comparten ciertas premisas básicas. Todos mantienen equivocadamente que las “reformas” orientadas al mercado han tenido como resultado la restauración del capitalismo en China y además que esto era inevitable. Para Lippit, la modernización de China requiere una continuación e incluso una integración cada vez mayor al sistema capitalista mundial. Él sostiene que “el capitalismo tendrá que haber concluido su papel histórico antes de que éste pueda ser suplantado”, agregando que “el capitalismo de estado benefactor del tipo de la Europa continental puede ser lo mejor que puede hacerse en el presente”. Para Hart-Landsberg y Burkett, un programa socialista en China o donde sea —el cuál identifican con la fórmula confusionista de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”— debe tener poco o nada de comercio con los males corruptores del mercado capitalista mundial.
De manera más crucial, todos rechazan la posibilidad de revoluciones socialistas proletarias en los países capitalistas avanzados en cualquier periodo de tiempo históricamente significativo. Lippit lo hace explícitamente, Hart-Landsberg y Burkett implícitamente. Por tanto, la perspectiva trotskista de la modernización de China en el contexto de una economía socialista integrada y planificada a escala mundial está fuera de las fronteras conceptuales de estos protagonistas. Pero este marco, la antítesis del dogma nacionalista maoísta-estalinista de construir el “socialismo en un solo país”, es el único camino para la completa liberación de los trabajadores y las masas campesinas de China.
China hoy: Mitos y realidades
El gobernante Partido Comunista Chino (PCCh) bajo Deng Xiaoping introdujo su programa de reformas orientadas al mercado pocos años después de la muerte de Mao Zedong en 1976. Esto incluyó abrir a China a un enorme volumen de inversión directa de capital concentrado en la manufactura, que subsecuentemente atrajo, por parte de corporaciones occidentales y japonesas y de la burguesía China de ultramar. Los ideólogos burgueses convencionales han señalado el impresionante crecimiento económico de China, especialmente industrial, como prueba positiva de la superioridad de un sistema impulsado por el mercado sobre una economía centralmente planificada y colectivizada (despectivamente llamada “economía comandada” socialista). Por su parte, Lippit es representante de una capa de intelectuales de centro-izquierda que sostienen que China es un excelente ejemplo de una estrategia económica antineoliberal exitosa, basada en un nivel significativo de propiedad estatal y sobre todo en la dirección estatal de la economía.
Esta última perspectiva tiene el mérito de reconocer, a su manera, que los elementos centrales de la economía china, establecida después del derrocamiento del sistema capitalista con la Revolución de 1949, permanecen colectivizados. Las empresas estatales son dominantes en el sector estratégico industrial, tal como el acero, metales no ferrosos, maquinaria pesada, telecomunicaciones, energía eléctrica y refinación y extracción de petróleo. La nacionalización de la tierra ha impedido el surgimiento de una clase de capitalistas agrarios a gran escala que dominen socialmente al campo. El volumen de superávit económico generado fuera del sector de propiedad extranjera es canalizado tanto a los bancos estatales como a la tesorería gubernamental. El control efectivo del sistema financiero ha permitido hasta ahora al régimen de Beijing proteger a China de los movimientos volátiles del capital monetario especulativo que periódicamente causan grandes estragos en los países capitalistas neocoloniales desde el este de Asia hasta América Latina.
Ahora es un lugar común a través de todo el espectro político y geográfico, desde los voceros del régimen del PCCh hasta los analistas de Wall Street, proclamar que China ha avanzado mucho en el camino para convertirse en una “superpotencia” económica mundial hacia la mitad del siglo XXI. Esta perspectiva ignora la vulnerabilidad económica de China en sus relaciones con el mercado capitalista mundial. Ignora la implacable hostilidad de la burguesía imperialista, sobre todo de la clase gobernante estadounidense, hacia la República Popular China, un estado obrero burocráticamente deformado resultado de la Revolución de 1949. Es más, ignora la inestabilidad interna de la sociedad china, la cual ha visto un significativo y creciente nivel de protestas sociales contra las consecuencias del mal gobierno burocrático del PCCh.
En los últimos años, la estrategia económica seguida por el régimen del PCCh ha sido diseñada para lograr un enorme superávit en la balanza comercial con Estados Unidos, lo cual ha llevado a China a ser el más grande poseedor de reservas de divisas extranjeras en el mundo. Esto ha generado crecientes presiones por un proteccionismo económico antichino en los círculos gobernantes estadounidenses. En cualquier caso, tan solo el tamaño del déficit comercial con China será insostenible. Un mayor declive económico en Estados Unidos y/o medidas proteccionistas antiimportación significarían un severo golpe a la economía industrial china. Operaciones de propiedad extranjera y de propiedad conjunta y compañías privadas chinas, así como algunas empresas estatales cuya producción está orientada al mercado de exportación, serían forzadas a llevar a cabo grandes recortes de producción y despidos tanto de obreros industriales como de empleados de oficina. Esto tendría un fuerte efecto depresivo en toda la economía china.
Recientemente, China ha empezado a abrir parcialmente sus bancos a la propiedad extranjera. Si los banqueros de Wall Street, Frankfurt y Tokio adquieren un grado significativo de control sobre el sector financiero chino, los efectos económicos serán probablemente terribles. Algunas empresas estatales grandes con amplias deudas podrían ser forzadas a disminuir la producción y recortar las nóminas. Incluso podría haber un peligro real de una inesperada y masiva retirada de capital monetario, tal como la que provocó la crisis financiera y económica en el este asiático a finales de la década de 1990.
Según la opinión pública burguesa convencional, el capitalismo ya ha sido restaurado en China o está siendo rápida e irreversiblemente restaurado. Sin embargo, como fue el caso de la antigua Unión Soviética, la arena decisiva en la cual una contrarrevolución capitalista tendría que triunfar es al nivel político, en la conquista del poder estatal, no simplemente mediante una extensión cuantitativa del sector privado, ya sea doméstico o extranjero. A su propia manera, la burguesía imperialista, en especial la clase dominante estadounidense, entiende muy bien lo anterior. De ahí el abierto respaldo de los gobiernos de Estados Unidos e Inglaterra hacia los partidos y fuerzas agresivamente anticomunistas en el enclave capitalista de Hong Kong, una antigua colonia británica que es la única parte de la República Popular China (excepto Macao) donde el PCCh no ejerce el monopolio del poder y organización políticos. Por ende, también los gobernantes de Estados Unidos insisten en la necesidad de una “liberación política” en China.
Aspirando a repetir la destrucción contrarrevolucionaria de la Unión Soviética en 1991-92, los imperialistas quieren promover una oposición política anticomunista en China, basada principalmente en la nueva clase de empresarios capitalistas y los elementos entre los funcionarios del PCCh y el estrato de gerentes-profesionistas-tecnócratas atados estrechamente al capital nacional y extranjero.
Al mismo tiempo, el imperialismo estadounidense ha estado incrementando la presión militar sobre China, construyendo bases en Asia Central, intentando rodear a China con instalaciones militares y estableciendo un pacto con Japón el año pasado para defender el bastión capitalista de Taiwán, cuya burguesía sostiene considerables inversiones en la China continental. El Pentágono está tratando de llevar a cabo una estrategia abiertamente anunciada por la pandilla de Bush en Washington para neutralizar el pequeño arsenal nuclear de China en caso de un primer ataque nuclear estadounidense. Como trotskistas, estamos por la defensa militar incondicional de China y los estados obreros burocráticamente deformados restantes —Corea del Norte, Vietnam y Cuba— ante un ataque imperialista y la contrarrevolución capitalista. En particular, apoyamos las pruebas y posesión de armas nucleares de China y Corea del Norte, como una medida disuasiva necesaria contra un chantaje nuclear imperialista.
A pesar y en parte debido a su rápido crecimiento económico y especialmente industrial, China ha llegado a ser una caldera hirviente de descontento popular. Un enorme y estratégicamente poderoso proletariado industrial enfrenta a una sociedad de absoluta y creciente inequidad y desigualdad. Como parte de sus reformas orientadas al mercado, el régimen estalinista de Beijing ha dejado sin recursos financieros al servicio de salud pública y la educación primaria, cuando, más que nunca antes, tales recursos están disponibles para solventar las necesidades básicas del pueblo trabajador chino. Han ocurrido extensas y continuas protestas obreras contra despidos en empresas estatales, por salarios, pensiones y otras prestaciones no pagadas, y abusos similares. Furiosas protestas de campesinos son muy comunes en el campo, y frecuentemente incluyen enfrentamientos violentos con la policía, contra la toma de tierras por parte de funcionarios locales del PCCh dedicados a la especulación inmobiliaria.
La burocracia gobernante está claramente dividida entre los elementos que quieren que las “reformas” económicas continúen sin perder intensidad, y los que quieren más intervención estatal para frenar los estragos de la mercantilización y, por lo tanto, contener el descontento, y otros que procuran regresar a la economía burocráticamente planificada. En algún punto, probablemente cuando los elementos burgueses de dentro y alrededor de la burocracia se movilicen para eliminar el poder político del PCCh, las múltiples tensiones sociales explosivas de la sociedad china harán estallar en pedazos la estructura política de la casta burocrática gobernante. Y cuando eso pase, el destino del país más poblado de la Tierra será planteado agudamente: ya sea por una revolución política proletaria que abra el camino al socialismo o el regreso a la esclavitud capitalista y la subyugación imperialista.
Nosotros estamos por una revolución política proletaria que barra con la opresiva y parasitaria burocracia estalinista y la remplace con un gobierno basado en consejos de obreros y campesinos democráticamente electos. Tal gobierno, bajo la dirección de un partido leninista-trotskista, restablecería una economía centralmente planificada y administrada —incluyendo el monopolio estatal del comercio exterior— no por el arbitrario “comandismo” de una casta burocrática excluyente (que ha producido desastres tales como el del “Gran Salto Adelante” de Mao a finales de los años 50), sino por la más amplia democracia proletaria. Este gobierno expropiaría a la recién surgida clase de empresarios capitalistas chinos y renegociaría los términos de la inversión extranjera según los intereses de la población obrera china, insistiendo, por ejemplo, en mantener las condiciones de los trabajadores por lo menos al mismo nivel que en el sector estatal. Un gobierno obrero revolucionario en China promovería la colectivización voluntaria de la agricultura sobre la base del cultivo mecanizado y científico a gran escala, reconociendo que esto requiere ayuda material sustancial de revoluciones obreras exitosas en los países económicamente más avanzados.
Una revolución política proletaria en China alzando la bandera del internacionalismo socialista sacudiría en verdad al mundo. Haría añicos el clima ideológico de la “muerte del comunismo” propagado por las clases gobernantes imperialistas desde la destrucción de la Unión Soviética. Radicalizaría al proletariado de Japón, la fuerza industrial y el amo imperialista del este asiático. Provocaría una lucha por la reunificación revolucionaria de Corea —mediante una revolución política en la asediada Corea del Norte y una revolución socialista en la Corea del Sur capitalista— y reverberaría entre las masas del sur de Asia, Indonesia y las Filipinas, subyugadas por la austeridad imperialista. Sólo mediante el derrocamiento del dominio de la clase capitalista internacionalmente, particularmente en los centros imperialistas de América del Norte, Europa Occidental y Japón, puede conseguirse la completa modernización de China como parte de un Asia socialista. Es con el fin de proporcionar la dirección necesaria del proletariado en estas luchas que la Liga Comunista Internacional lucha por reforjar la IV Internacional de Trotsky, el partido mundial de la revolución socialista.
El desarrollo económico y la perspectiva mundial comunista
La diferencia entre Hart-Landsberg y Burkett por un lado y Lippit por el otro no es fundamentalmente sobre una evaluación empírica de las condiciones socioeconómicas cambiantes en China durante el pasado cuarto de siglo de la era de “reformas”. Por supuesto que tienen diferencias importantes al respecto —por ejemplo, sobre en qué medida cuantitativa se ha superado la pobreza—. Pero lo que básicamente separa a Hart-Landsberg y Burkett de Lippit es lo que podría nombrarse una jerarquía de valores diferente. Los primeros elevan los antiguos valores de igualdad y comunalidad por encima de la expansión de las fuerzas productivas, ignorando que esto último es una condición necesaria para la liberación de la mayoría de la humanidad de la escasez y el trabajo penoso. Así, argumentan en su réplica: “El éxito de China según los criterios de desarrollo estándares (crecimiento económico, afluencias de inversión extranjera directa y exportaciones), lejos de crear las condiciones para el éxito real o potencial en lo referente al bienestar humano, pudo haber minado, en cambio, las condiciones del desarrollo humano para la mayoría de la población trabajadora china.”
No menos que Lippit, o incluso que los partidarios del neoliberalismo, Hart-Landsberg y Burkett creen que el capitalismo en su presente forma “globalizada” se ve forzado a maximizar el crecimiento económico medido a través del incremento de los bienes y servicios. Esto es directamente contrario al entendimiento marxista de que el modo de producción capitalista y el sistema estado-nación, los cuales están enraizados en el impulso por la acumulación privada de ganancias, detienen el desarrollo progresista de las fuerzas productivas a escala mundial. Un ejemplo es el profundo y creciente empobrecimiento de las masas del África semicolonial, América Latina y partes de Asia.
Escribiendo a principios de los años 30 en el contexto de la depresión económica mundial y el resurgimiento de las rivalidades interimperialistas que pronto llevaron a la Segunda Guerra Mundial, León Trotsky explicó:
“El capitalismo se ha sobrevivido a sí mismo como sistema mundial. Ha dejado de cumplir su misión esencial, el incremento del poder y el bienestar humano. La humanidad no puede permanecer en el nivel que ha alcanzado. Sólo un poderoso incremento en las fuerzas productivas y una organización de la producción y la distribución racional y planificada, esto es, socialista, puede asegurar a la humanidad —a toda la humanidad— un nivel de vida decente y al mismo tiempo darle el precioso sentimiento de libertad con respecto a su propia economía. Libertad en dos sentidos —primero que nada, el hombre no estará más obligado a dedicar la mayor parte de su vida al trabajo físico. Segundo, ya no será más dependiente de las leyes del mercado…
“La tecnología liberó al hombre de la tiranía de los viejos elementos —tierra, agua, fuego y aire— sólo para sujetarlo a su propia tiranía. El hombre dejó de ser un esclavo de la naturaleza para convertirse en un esclavo de la máquina, y todavía peor, un esclavo de la oferta y la demanda. La actual crisis mundial testifica de manera especialmente trágica cómo el hombre, que se sumerge al fondo del océano, que se eleva a la estratosfera, que conversa a través de ondas invisibles con las antípodas, cómo este orgulloso y osado gobernante de la naturaleza permanece siendo esclavo de las fuerzas ciegas de su propia economía. La tarea histórica de nuestra época consiste en remplazar el incontrolable papel del mercado por la planeación razonable, disciplinando las fuerzas de la producción, obligándolas a trabajar juntas en armonía y obedientemente para servir a las necesidades de la humanidad. Sólo sobre esta nueva base social el hombre será capaz de estirar sus cansados miembros y —todo hombre y toda mujer, no sólo unos pocos seleccionados— convertirse en un ciudadano completo en el reino del pensamiento.”
—“En defensa de la Revolución Rusa” (1932), reimpreso en Leon Trotsky Speaks [Discursos de León Trotsky] (1972)
Esta genuina visión marxista del futuro es completamente ajena al pensamiento de Hart-Landsberg y Burkett.
Panaceas anarco-populistas...
Lo que Hart-Landsberg y Burkett contraponen al neoliberalismo es la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad”. Tanto el término como el concepto son totalmente ajenos al marxismo. “Comunidad” es un término convencional burgués que sirve para oscurecer las divisiones de clase y los conflictos de intereses en la sociedad. Aplicada en particular a China, la noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” oscurece la diferencia de clases entre los trabajadores y los campesinos. El último es un estrato pequeñoburgués cuyos ingresos se derivan de la propiedad y venta de bienes. Los campesinos tienen un interés material en que los productos comestibles y otros productos agrícolas que ellos venden tengan precios altos en comparación con los precios de los bienes manufacturados que deben comprar tanto para la producción (por ejemplo, fertilizantes químicos, equipo de cultivo) como para el consumo personal. Además, el interés de los campesinos por los precios altos en los productos comestibles no es eliminado mediante la transformación de las parcelas familiares en colectivos agrícolas. El ingreso para los miembros de los colectivos sigue dependiendo en gran medida de los precios que reciben al vender su producción, ya sea a una agencia gubernamental de aprovisionamiento o en el mercado privado.
A pesar de declararse marxistas, la perspectiva de Hart-Landsberg y Burkett equivale a una forma de anarco-populismo. Su noción de una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” tiene una afinidad con el clásico programa de una federación de comunas políticamente autónomas y en gran medida económicamente autosuficientes asociado con el aventurero anarquista Mijaíl Bakunin en el siglo XIX. Esto puede observarse en la naturaleza de su crítica a la economía china durante la era de Mao, al sostener que la sobrecentralización de la economía fue ineficiente y, de manera más importante, al identificar implícitamente una economía centralmente planificada con control político autoritario:
“La planificación económica se había vuelto sobrecentralizada y, conforme la economía se volvía más compleja, incapaz de responder efectiva y eficientemente a las necesidades de la gente...
“Había una necesidad crítica de construir sobre la solidez de los logros obtenidos por China en el pasado y de conferir poder a los obreros y campesinos para crear nuevas estructuras de toma de decisión y planificación. Entre otras cosas, esto implicaba una reestructuración y descentralización de la economía y de la toma de decisiones por parte del estado para aumentar el control directo de los productores asociados sobre las condiciones y productos de su trabajo.”
Hart-Landsberg y Burkett condenan las crecientes desigualdades generadas por el programa de “reformas” orientadas al mercado. No obstante, lograr un nivel uniforme de salarios y prestaciones en todas las diferentes empresas, industrias y regiones necesariamente requiere una economía centralmente administrada. Solamente un sistema así es capaz de redistribuir los recursos económicos de las empresas, industrias y regiones más productivas hacia las menos productivas.
En las aproximadamente 150 páginas de “China y el socialismo” y la réplica a Lippit y otros, Hart-Landsberg y Burkett no explican cómo una “economía centrada en los trabajadores y la comunidad” funcionaría en los hechos. La mayor parte del tiempo usan esa formulación como un mantra para espantar a los males del neoliberalismo. En algún momento dan como un ejemplo hipotético “la creación de un sistema nacional de salud”, explicando que:
“esto requeriría desarrollar una industria de la construcción para edificar clínicas y hospitales, una industria farmacéutica para tratar enfermedades, una industria de máquinas-herramientas para hacer equipo, una industria de programas de computación para llevar un registro y un sistema educativo para entrenar doctores y enfermeras, etc., todo determinado por el desarrollo de las necesidades y capacidades de la población a los niveles local, nacional y regional.”
En ningún lugar mencionan las instituciones políticas y mecanismos económicos estructurales necesarios para lograr esta loable tarea. ¿Cómo se determinaría la fracción del total de recursos económicos disponibles a gastar en el sistema de salud, y no en otras necesidades tales como la inversión en la expansión industrial y la infraestructura, defensa militar, educación, pensiones, etc.? La coordinación de actividades económicas diferentes (por ejemplo construcción, equipo médico, programas de computación) para desarrollar el sistema de salud requeriría una planificación y administración centralizada. Tal sistema es totalmente compatible con la participación democrática activa de los trabajadores en el lugar de producción, por ejemplo, aconsejando sobre el mejor uso de la tecnología, estableciendo y reforzando estándares seguros, manteniendo una disciplina laboral y cosas por el estilo. La división del total de los recursos económicos entre necesidades contendientes debería ser debatida y decidida en el nivel más alto de un gobierno basado en la democracia proletaria, es decir, un gobierno de consejos obreros y campesinos. La democracia proletaria es esencial para el funcionamiento racional de una economía planificada.
http://www.icl-fi.org/espanol/eo/27/china.html
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